Educación Pedagogía

"Alumnos perfectos": un concepto que hay que alejar de las aulas

Desde hace unos días y con todo el subidón de selectividad no dejo de leer noticias que empiezan con: “es el alumno perfecto porque ha conseguido sacar la máxima nota en la prueba”. Textos y más textos que hablaban de los estudiantes como si fueran calificaciones con patas sin ningún corazón ni sentimiento. Hablan de su espléndida trayectoria desde educación primaria hasta bachillerato y sobre algunas técnicas de estudios que a ellos les ha servido para obtener esos resultados.

Para empezar y desde mi punto de vista, no creo que exista ninguna persona perfecta. Todos cometemos errores (y menos mal), todos tenemos defectos (y menos mal), y todos en algún momento de nuestra vida tenemos algún punto débil que podemos que mejorar. Por lo tanto, hablar de alumnos perfectos únicamente porque hayan conseguido una de las mejores notas en selectividad no me parece correcto. No me parece adecuado porque no creo que por tener un expediente brillante los estudiantes rocen la perfección. Etiquetar con ese concepto a los alumnos muestra lo que muchos expertos, profesionales de la educación y maestros no quieren: que simplemente se da importancia a las calificaciones.

Los docentes tienen que alejar el término “alumnos perfectos” de las aulas porque todos los estudiantes tienen derecho a equivocarse, a tropezar, a volverlo a intentar, a confundirse e incluso a suspender. Con el término anterior, estamos forzando y presionando a los estudiantes a que sigan así, a que sigan sacando notas altas, a que nunca cometan errores, a que nunca se cansen, y a que nunca protesten si algo no les gusta o no les parece bien. Hay alumnos que por seguir esa filosofía, la de alumnos perfectos, han caído enfermos a causa del estrés, de la ansiedad, del agobio y del exceso peso sobre sus hombros de no decepcionar y defraudar a sus padres. Sí, hay familias que se toman las notas muy en serio.

Sí que es cierto, que hay estudiantes que sea exigen así mismos demasiado. Que piensan que caerse, no comprender algo, o sacar menos de un cinco es ser inferior a los demás compañeros. Y es en ese momento cuando llegan las frustraciones y la baja autoestima. Por eso mismo, permitir que los alumnos piensen que son perfectos es un grave error. Estos estudiantes tan competitivos, en apariencia sin ningún tipo de motivo ni de presión, no saben gestionar ni tolerar la decepción y pueden llegar a enfadarse. Y el enfado, puede llegar a provocar ira. Aquí, es cuando padres y el centro educativo tienen que trabajar juntos, en común y en equipo para cuidar del bienestar general de los estudiantes.

Decir que un alumno es perfecto genera rechazo en el aula

Todas las etiquetas sean buenas o malas no traen ningún beneficio para las personas. Y en el aula, lo único que hacen es generar rechazo, discriminación, baja autoestima, poca motivación, poca emoción y pocas ganas de seguir aprendiendo. Los estudiantes se enteran prácticamente de todo lo que está ocurriendo a su alrededor. Es decir, que van a suponer y a pensar que si un profesor ha dicho a alguno de sus compañeros que es perfecto por haber sacado un diez, ellos por haber sacado un cinco van a a creer que son alumnos regulares, y sin han sacado un cuatro, que son alumnos mediocres. Y eso después, es muy complicado quitárselo de la cabeza.

Felicitar no es lo mismo que etiquetar

No pretendo que cuando un alumno haya conseguido sacar buenas calificaciones o haya hecho un buen trabajo no se les pueda decir nada. Hay que dejar claro que felicitar no es lo mismo que etiquetar. Os pongo dos ejemplos:

Primer ejemplo

En una clase, dos alumnos han sacado un diez en un examen y las notas entre los demás compañeros oscilan entre cuatros, cincos y sietes. El profesor le dice a los dos alumnos: “habéis hecho un buen trabajo. ¿Por qué no ayudáis a vuestros compañeros a resolver las dudas que tengan y explicarles los fallos que han tenido en la prueba?” Luego se dirige a los demás estudiantes y expone: “chicos, lo habéis hecho bien, os habéis equivocado en algunas cosas, pero no pasa absolutamente nada. Estáis aprendiendo y yo estoy para ayudar en todo lo que pueda.”

Segundo ejemplo

En otra clase, un alumno ha sacado el único que ha logrado conseguir la máxima nota en el examen. Las notas de los demás alumnos, oscilan entre los cuatros y los cincos. Entonces, el docente se dirige a sus alumnos muy enfadado: “me parece mentira que solo Carlos haya sacado un diez en la prueba. Se nota que es el que más estudiado y el que más le ha dedicado tiempo a la asignatura. Él sí que es buen estudiante y no vosotros, que no os enteráis de nada. Habéis fallado en ejercicios que eran increíblemente fáciles. ¿Pero qué os pasa? Espero que algún día aprendáis de Carlos, que es el mejor y el alumno perfecto ya que nunca me decepciona”.

Cada alumno es como es, no hay necesidad de clasificar

Como podéis ver, los dos ejemplos son muy diferentes entre sí. Desde mi punto de vista y opinión, creo la situación más adecuada y correcta es sin ninguna duda la primera. ¿Por qué? Porque en el primer ejemplo, el profesor se aleja de las presiones, de los agobios y del rechazo. Se comunica con todos los alumnos de igual manera y reconoce el esfuerzo de los estudiantes que han sacado un diez pero también les involucra para que ayuden y expliquen a los demás compañeros los fallos que han tenido. Está fomentando la solidaridad, la empatía, el trabajo en equipo, la inteligencia emocional y el resto. Cosas como siempre digo, muy importantes a tener en cuenta en las aulas.

No olvidemos, que los estudiantes van a los centros educativos para aprender. Y el aprendizaje requiere cometer errores, requiere equivocaciones y posiblemente algún suspenso (o muchos). Pero eso no quieren decir que sean alumnos mediocres, sino que se están formando, que están comprendiendo, que están asimilando, que están descubriendo y que están experimentando por ellos mismos. Los docentes tienen que guiar a los alumnos en ese camino de autoconocimiento y aprendizaje. Y tiene que tener muy claro que cada estudiante tiene su propia personalidad, su propia forma de ser, su propia forma de entender (más despacio o más rápido), pero su trabajo no es juzgarles ni clasificarles, sino abrirles todas las puertas al mundo, sacar a la luz todos sus talentos y generar nuevas oportunidades.

Mel Elices

Educadora infantil, asesora en comportamientos y conductas infantojuveniles, asesora en mediación familiar, educadora en valores, asesora educativa e investigadora en educación emocional y disciplina positiva. Community Management y Social Media.

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Mel Elices escribe este blog

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