Educación Escuela para padres

Amor en la adolescencia: la importancia de valorarse a uno mismo.

ENSEÑANDO A VOLAR – La pareja no es un príncipe azul, ¡es un iceberg!

Las primeras relaciones amorosas suelen tener lugar durante la adolescencia y suponen un estallido de emociones capaz de descolocar a cualquiera. ¿Qué formación se da a los chicos sobre la pareja? Ninguna. Y sin embargo, constituye uno de los asuntos más importantes de la vida. Las referencias más cercanas que tienen son sus padres, las películas y los cuentos. Un modelo especialmente nefasto lo encontramos en La Cenicienta, reconvertida al cine en Pretty Woman o Sucedió en Manhattan, por ejemplo. En ellas subyace la idea de que si cazas a un hombre rico, vivirás feliz. Todo se reduce al dinero y me parece un mensaje pésimo. En Cincuenta sombras de Grey todavía es peor, ella consiente incluso humillaciones y vejaciones.

Suelo advertir a mis hijos de que los príncipes y las princesas solo se aman a sí mismos y utilizan a los demás para que los adoren, además, siempre tienen la sospecha de que los quieren solo por su fortuna. Creer en un príncipe azul puede generar unas esperanzas muy exigentes sobre la pareja porque se forja una imagen demasiado idealizada de lo que debe ser. Cuando la realidad choca con la fantasía, se sienten defraudados y no son capaces de distinguir entre un exceso de fantasía o una mala elección.

¿Cómo orientar a los hijos sobre la pareja sin interferir en una decisión que es personalísima? Empecemos por el principio. Lo primero será reflexionar y pregunto a los chicos. ¿Cuál es el objetivo a conseguir con una relación de pareja? Y les dejo pensar un rato. Para mí, el objetivo sería que la propia relación sea armoniosa y nos proporcione una felicidad juntos superior a la que tendríamos por separado.

Algunas relaciones parece que se mantienen por cuestiones prácticas como pagar la hipoteca a medias o tener criada en casa o hacer lo que todos hacen. No me estoy refiriendo a este tipo de relación, que podría resolverse con un contrato mercantil, me refiero a una relación en la que las personas se comprometen a todos los niveles llegando hasta los más íntimos, los emocionales.

Es importante esclarecer con la pareja qué espera conseguir cada uno; porque, sin concretar expresamente, podemos suponer que coincidimos en lo que queremos y no ser así. Difícilmente se logra un objetivo (sea la felicidad o cualquier otro) si no sabemos cuál es ni si es el mismo ni en qué consiste.

¿Qué se supone que es una relación armoniosa y la felicidad en pareja?

¿Me siento bien o no con esta persona? Quizá esto sea el mejor indicador, no por sencillo pensemos que no es claro y fiable. Lo fundamental es que siempre me siento muy bien con ella. Nuestra felicidad en pareja procede de la plenitud que sentimos cuando estamos juntos. Una relación resulta agradable cuando es armoniosa. Creo que en las parejas debe haber armonía, no equilibrio. El equilibrio es algo más estático, más exacto, más rígido; mientras que la armonía es dinámica, flexible, oscila entre los extremos según la necesidad. Esta capacidad de adaptarse a las circunstancias, de complementarse para formar un todo superior, es muy importante.

En la pareja, somos: iguales, complementarios y distintos, en armonía.

El hombre y la mujer no son idénticos, son semejantes en muchos aspectos y distintos en otros como necesidades, capacidades y emociones. Que nadie se confunda: no se puede cambiar lo que la naturaleza ha dispuesto; sin embargo, socialmente sí debemos tener los mismos derechos.

En la pareja habrá un porcentaje muy elevado de afinidades, un porcentaje reducido de diferencias que pueden complementarse y una pequeñísima parte en las que somos distintos irreconciliables.

Ante cualquier asunto que se afronte puede suceder que:

-Los dos utilicemos el mismo tipo de recurso, entonces nos sumamos, pero el resultado es mayor que la suma de ambos. No se presentan problemas porque estamos de acuerdo sobre lo que hay que hacer y cómo.

-Cada uno contribuye con un recurso propio distinto del otro. Si somos capaces de complementarnos, también, lograremos algo superior que en ningún caso hubiera estado al alcance de uno solo porque carece del tipo de recurso que ha aportado el compañero.

En este caso, hay problemas mientras la diferencia se vive como un enfrentamiento o una crítica y no se ve como un complementario.

.Cada uno aporta una idea incompatible con la de la pareja, además, en conciencia siente que no debe cambiarla o, simplemente, no puede.

En estas pocas ocasiones no habrá acuerdo previo. Creo que, precisamente porque son escasas, se puede ceder o llegar a un pacto. No tiene sentido entrar en una pelea sin fin que pueda comprometer una relación estupenda. Es lo que se hace por amor: respetar, aceptar a la pareja a pesar de las diferencias y de los defectos y no querer cambiarla. Porque, repito, las diferencias y los defectos serán pocos y las virtudes muchas. Una pareja es feliz cuando funciona con armonía, es decir, cuando es capaz de gestionar la relación con flexibilidad (de identidad, complementariedad y respeto) adaptándose a las circunstancias y sacando el máximo provecho o bienestar para ambos en cada ocasión.

Las confusiones

Al principio los integrantes de la pareja no se conocen bien; cada uno llega con sus virtudes, sus defectos, sus traumas, sus miedos, sus valores, sus prejuicios, sus ideas preconcebidas sobre la pareja y la vida, aunque la mayoría de esto no se percibe a simple vista.

Se mezcla lo que claramente sé del otro, lo que solo intuyo, lo que me hace sentir y, además, yo añado lo que me gustaría que fuera y me diera, pero la mayor parte de esa persona es desconocida, como en un iceberg. Suele suceder que lo que se imagina no es real. Es difícil dilucidar todas las emociones que actúan y, a veces, la relación resulta confusa y surgen problemas.

Miro a mis hijos y les digo: “La pareja no es un príncipe azul, es un iceberg. Solo conocéis la pequeña parte que se ve en la superficie del mar, el resto es desconocido. Tendréis que hacer de submarinistas para averiguar cómo es bajo el agua. Una pareja es un baúl de secretos, un misterio con patas que vosotros tendréis que desvelar para saber si encaja o no con lo que deseáis”.

Nos miramos los cuatro y nos da la risa.

Sé que no pueden llegar a comprender en toda su profundidad lo que les he explicado por falta de madurez y de experiencia, pero a fuerza de reflexionar sobre estos temas y de confrontarlos con sus vivencias, junto con una mínima base de ideas claras y capacidad crítica, podrán orientarse mejor que tirándose a la piscina de las relaciones sin plantearse nada.

Milano

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