Educación Pedagogía

"Hoy no me ha dado tiempo a jugar por culpa de los deberes"

A las diez y media de la noche, esa vecina con la que tengo tanta confianza, me escribía al móvil diciendo que su hijo, había acabado a esa hora de hacer los deberes que en el colegio le habían mandado para el día siguiente. Entre estudiar para los exámenes, todos los ejercicios de lengua castellana, de inglés y de matemáticas, habían dado casi las once. Me contaba que antes de arroparle y darle un beso de buenas noches, el niño le dijo: “mamá, estoy muy cansado.”

No entiendo por qué nos mandan tantos deberes en el colegio nada más empezar”. Y también me aseguró que hoy, su hijo no iba a ir al centro educativo. En vez de eso, iba a ir ella a hablar con el director o jefe de estudios para presentar la situación. Una situación, que ya han presentados cientos de padres y que al día de hoy, todavía no han tenido la suerte de que se les preste atención ni que se les tome en serio. Que un niño de educación primaria se acueste tarde por exceso de deberes, no me parece ni medio normal.

Bastantes centros educativos, se olvidan de cosas increíblemente importantes para los alumnos: tienen que jugar, tienen que descansar, tienen que explorar, tienen que descubrir, y tienen que moverse. ¿Cómo van a hacer eso si desde las seis de la tarde hasta las doce de la noche están sentados en una silla esforzándose por llevar los deberes para el día siguiente?

Y no sólo eso. ¿No tienen los alumnos suficiente con estar todas las mañanas en las aulas? Parece ser que no. Parece ser que lo más importante (nótese la ironía, por favor), es salir del colegio y seguir sentado estudiando y haciendo los deberes. ¡El día tiene 24 horas!, dirán algunos. Por supuesto que sí. Pero os puedo casi asegurar que los niños de hoy, no tienen ni dos horas para descansar y hacer lo que les gusta.

Y me pregunto yo: ¿cómo van a ir felices de ese modo los estudiantes a clase? Luego, algunos maestros se llevan las manos a la cabeza y dicen: “es que tal niño se ha dormido en el aula”, “es que tal niño no ha traído terminados los deberes”. ¿De verdad se esperan que con tal exceso de ejercicios los niños estén frescos como lechugas al día siguiente? ¿De verdad los centros se sorprenden al saber que un alumno no ha podido entregar todos los deberes y estudiar las demás asignaturas?

Porque yo no me sorprendo de nada. Hay padres y madres que han luchado, que han protestado, que han escrito en las agendas de sus hijos que sus niños no iban a hacer los deberes dejándolo muy claro. Pero de momento, no ha cambiado nada. En muchas ocasiones, he visto a mi vecino a hacer ejercicios después de comer y decirme: “los intento hacer ahora, porque cuando salga por la tarde, no me da tiempo a jugar con los LEGO.” Hablo de un niño que tiene jornada partida en su colegio.

¿Os dais cuenta del planteamiento? Los hago ahora porque sino luego no me da tiempo a jugar. ¿Cómo puede ser que los deberes quiten a un niño minutos (qué minutos. ¡Horas!), de su tiempo de juego? Desde mi perspectiva, esta no es la manera de crear motivación en los alumnos. De esta manera, lo único que están creando son niños sin tiempo libre, cansados, desilusionados y sin ganas de aprender. Ahora que, yo tampoco tendría ganas de aprender en estas condiciones, por supuesto.

Lo peor de todo, es que esa presión, esa exigencia y ese agobio que sienten, puede provocar ansiedad, depresión, terrores nocturnos, pesadillas, estrés, baja autoestima y diversas enfermedades relacionadas con el sistema inmunológico. Creo que los centros educativos que mandan tantos y tantos deberes para casa, no se dan cuenta de la gravedad del asunto. Esa metodología (si es que se puede llamar metodología), está repercutiendo de malas maneras en la salud y en el bienestar de los alumnos.

Una vez más, tengo la sensación de que los alumnos están metidos en jaulas. En jaulas de las que no pueden salir hasta que no acaben los deberes y ejercicios. ¿Cómo no van a decir eso de “papá, no quiero ir al colegio, por favor, no me lleves?” Lo raro es que todavía tengan algunas ganas de ir y de sentarse en las sillas. Imaginad por un momento la cabeza de un niño de primaria: “tengo que estudiar para el examen, hacer los ejercicios de lengua, este trabajo para inglés, los problemas de mates…”

Es una pena que un alumno de esta etapa sea tratado como un adulto más y que los contenidos académicos le quiten tiempo de sus horas de juego, libertad y descanso. En ocasiones, no son los centros educativos los que mandan los deberes, sino que son los padres los que quieren que los profesores lo hagan. Algunos de ellos afirman que favorecen a las rutinas y a los hábitos, y refuerzan lo aprendido en clase. Yo lo respeto, y sí puede que refuercen lo que los alumnos hayan aprendido en clase, ¿pero qué pasa cuándo esos refuerzos se convierten en horas invertidas?

Si los centros educativos educativos, quieren reforzar lo aprendido en clase, pueden aconsejar a las familias o ser los mismos profesores los que propongan algunos juegos de matemáticas, de lengua o de inglés. Juegos, que no requieran que los alumnos estén sentados toda la santísima tarde perdiendo su tiempo. Juegos, con los que se diviertan aprendiendo y que lo disfruten. ¿Ahora van a decir que esa clase de juegos no son apropiados?

Los deberes, a pesar de que muchas personas dicen que favorecen a que los alumnos tengan cierta autonomía, a veces no es cierto. Y no es cierto, por una sencilla razón: porque en bastantes ocasiones son los padres los que ayudan e incluso hacen los ejercicios de los niños. Soy consciente de que muchos maestros están luchando para que se de una transformación en la educación, pero yo no puedo evitar pensar en mi etapa de Educación Primaria y preguntarme a mí misma: ¿pero es que ha cambiado algo?

Mel Elices

Educadora infantil, asesora en comportamientos y conductas infantojuveniles, asesora en mediación familiar, educadora en valores, asesora educativa e investigadora en educación emocional y disciplina positiva. Community Management y Social Media.

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  • Estoy totalmente de acuerdo con todo lo que comentas aquí. Imagina que a los adultos, después de salir de trabajar nuestras ocho horas (mínimo de jornada completa quien tenga suerte) te envían a casa con trabajo para el día siguiente.
    Lo peor de todo es que hablamos de niños. El juego es tan importante o más para un niño.
    En fin…queda mucho por hacer.

Mel Elices escribe este blog

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