Educación Pedagogía

Si los estudiantes son evaluados, ¿por qué los docentes no?

Hace mucho que quería escribir un artículo sobre la evaluación docente en España. Hay profesores que afirman que los maestros no necesitan pasar por pruebas de evaluación, y sin embargo, hay otros profesionales que expresan lo contrario. Lo que es cierto, es que la carrera de magisterio, al menos en la Comunidad de Madrid, tiene una nota de corte de cinco, es decir, que está prácticamente al alcance de todos. Y no todas las personas entran en el grado por vocación, por pasión e ilusión.

Después de pasar los exámenes, trabajos, y prácticas externas, los estudiantes que hayan conseguido aprobar todo tendrán acceso a los centros educativos y podrán ejercer como docentes en las aulas. ¿Qué es lo que ocurre? Que bastantes de ellos no son maestros de corazón, que bastantes de ellos eligieron la carrera por tener un título en la pared, para no perder el tiempo, o porque no llegaron a la nota que les pedían los estudios que sí querían hacer. Esa actitud tan negativa se transmite a los estudiantes, y éstos se desmotivan, se desilusionan y pierden las ganas de aprender.

Estamos hablando de que en España, uno de los poquísimos sistemas de evaluación docente son las oposiciones. Y los que estamos día tras días pendiente de la educación, sabemos que no es el método más justo y adaptado a los futuros profesores. Y tampoco creo que sea suficiente. No es la primera vez que escuchamos, leemos o vemos que alguien ha obtenido plaza por ser hijo de… y sin merecerlo, ¿verdad? Vamos, que somos conscientes de cómo funcionan las cosas en este país. En fin, a dónde quiero ir a parar es que en las aulas no solo hay maestros de corazón y auténticos, si no personas que se dedican a la enseñanza porque era lo más sencillo.

En otros países europeos, se toman muy en serio la evaluación docente:

-En Finlandia, no hay una evaluación formal pero los directores del centro y los sindicatos de educación hablan y se comunican muy a menudo con los profesores. Los primeros, son los encargados de que se cumpla la programación y el currículo del colegio y de tomar medidas necesarios para mejorar la calidad educativa.

-En Noruega, se da muchísima importancia a la opinión de los estudiantes acerca de sus profesores, los recursos y las metodologías. De este modo, los docentes cada cierto tiempo pasan unas encuestas a los alumnos para saber lo que ellos mejorarían, lo que echan de menos, y lo que cambiarían.

-En Bélgica, cada tres o cuatro años se hace un proceso de evaluación docente completo. Se evalúan los resultados obtenidos en el aula, la implicación de los profesores con los estudiantes y sus familias, su evolución profesional, su capacidad y habilidad innovadora…

Todos y cada uno de los estudiantes tienen que ser evaluados y realizar exámenes cada poco tiempo para conocer si han aprendido bien el temario de la asignatura (yo lo veo ridículo, pero bueno). Si los alumnos suspenden, nuestro “gran sistema educativo” dice que todavía no han alcanzado los objetivos mínimos de la materia y lo tienen que repetir hasta que lo consigan y lleguen al cinco. Pero, ¿qué pasa con los profesores? ¿Qué pasa si no se merecen estar dentro de un aula?

La mayoría de nosotros hemos tenido increíbles maestros en nuestra vida, pero también guardamos experiencias negativas de otros. Como experiencia personal, cuando cursé bachillerato había un profesor que se dedicaba a humillar a los estudiantes, a menospreciarlos y a criticarlos. El otro día, hablando con un vecino que va al mismo centro público al que fui yo me contó que seguía dando clase y que seguía de la misma forma. Cabe destacar, que mis compañeros y yo protestamos, hablamos con la tutora y con el director. Obviamente, no pudimos hacer nada. Era la “joven promesa del centro” y no iban a mover un dedo.

“Una joven promesa” que a mí y a mis compañeros nos provocaba un increíble malestar cada vez que entraba por la puerta de clase y que por lo visto hoy por hoy sigue con la misma actitud. Puede que los protagonistas de la educación sean los estudiantes, pero los docentes son agentes de cambio, son profesionales que para muchos alumnos son todo un ejemplo y les admiran. Desgraciadamente, al igual que en muchas profesiones, también hay maestros que no lo viven, que no se apasionan, que no se emocionan y que no se ilusionan.

En algunos centros educativos y universidades, al final del curso los estudiantes pueden acceder a una sencilla plantilla para evaluar a los profesores, recursos y metodologías. Encuestas que en muchos casos no se tienen en cuenta, y por experiencia, ni se miran y son guardadas en los armarios de las cosas perdidas. La enseñanza, debería ser una profesión de vocación, humana, sensible y comprometida. Suspender a un estudiante, es increíblemente fácil. Pero, ¿os imagináis lo que hay que hacer para hablar con un inspector de educación sobre la mala práctica de un docente? Burocracia, papeles, burocracia, papeles…

Mel Elices

Educadora infantil, asesora en comportamientos y conductas infantojuveniles, asesora en mediación familiar, educadora en valores, asesora educativa e investigadora en educación emocional y disciplina positiva. Community Management y Social Media.

comentarios

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  • Excelente artículo de un tema muy interesante. Yo estoy a favor de la evaluación a profesores y maestros, conozco muchos grandes profesionales y no creo que tuvieran problemas para pasarla, pero el sistema de oposiciones favorece que haya muchos docentes desmotivados, cansados y que parece que solo trabajan llegar a la jubilación con un buen sueldo. La educación es un tema serio y fundamental, estaría bien que se valorará en manos de quién se deja!

  • Hola Mel!

    Has metido el dedo donde más duele.
    Habría que preguntarse qué tipo de docente es el que no quiere que se le “evalúe”, lo que son maestros de corazón o los que entraron porque “eso de dar clase lo puede hacer todo el mundo”.

    Yo añadiría a esa evaluación la formación continua. El maestro motivado se sigue formando, va a congresos, charlas, lee, investiga, sigue aprendiendo… y el que está por estar le da todo igual, no se sigue molestando ni tratando de Aprender.

Mel Elices escribe este blog

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