Educación

En infantil ni sumas ni restas; mejor estimulación y creatividad

Hace unos días, navegando por las redes sociales leí un comentario de una estudiante de educación infantil que pedía ayuda para realizar un trabajo de ejercicios matemáticos básicos con niños de seis, doce y dieciocho meses. Yo, que considero la educación infantil como un periodo de creatividad, de imaginación, de adaptación, de convivencia, de descubrimientos y de experimentación casi me da algo al leerlo. Obviamente, la culpa no la tiene la chica ni mucho menos, si no los docentes que le han mandado realizar un trabajo sobre ese tema.

¿Enseñar conceptos matemáticos básicos a bebés de seis meses? ¿Pero en qué estarían pensando? Disculpadme si mis palabras suenan algo duras o incluso bordes, pero es que sigo sin salir de mi asombro. Los bebés de seis meses no están preparados para adquirir ni asimilar dichos conocimientos (madre mía, que están aprendiendo a gatear y todavía no saben hablar) y los niños de un año tampoco (otra cosa que en algunas escuelas infantiles y algunos padres se empeñen en que tienen que aprenderlo y utilicen eso de “la letra con sangre entra” pero esta vez con los números).

Para que os hagáis una idea es a los dos años cuando se da la etapa preoperacional de Piaget que continuará hasta aproximadamente los siete años. Entre los dos y los cuatro años, aparece el pensamiento simbólico y preoperacional. Así, los símbolos se manifiestan por medio del lenguaje y del juego. Entre los cuatro y siete años aparece el pensamiento intuitivo y los niños empiezan a desarrollar la clasificación. ¿Qué quiere decir eso? Pues que comienzan a agrupar todos los cubos rojos, todos los cubos verdes y todos los cubos amarillos.

Cuando tenía dos años (hasta los tres) estuve en una escuela infantil alrededor de cuatro horas al día en la cual no me enseñaron en ningún momento a sumar ni a restar. Mis compañeros y yo, nos pasábamos toda la mañana fomentando nuestra imaginación, dibujando gatos rosas, árboles amarillos y perros naranjas.

Conocimos lo que era la pintura de dedos, y más de uno se los quiso llevar a la boca para descubrir si la pintura se podía comer. Salíamos al parque de al lado a recoger hojas en otoño, aprendimos a “tocar” nuestros primeros instrumentos musicales (dícese dar pequeños golpes a un xilófono), saltábamos, bailábamos, aprendimos a compartir el material de la clase y algunos se echaban la siesta a pierna suelta.

Recuerdo que eran momentos de diversión, de creatividad, de risas, de experimentación y de un mundo lleno de descubrimientos, sorpresas y asombros (porque cualquier cosa que no hubiésemos visto antes nos parecía fascinante y llamativa). No teníamos fichas, pero sí colchonetas, murales en blanco, música y muchísimas pinturas y material artístico (llámese pinturas de dedos, rotuladores, y plastilina) para dar rienda suelta a nuestra imaginación.

Si os soy sincera, no recuerdo a ningún compañero triste ni infeliz en la escuela infantil a la que fui. Y todos salimos de allí sin haber aprendido a sumar ni a restar ¿Podemos decir que en la actualidad los niños que acuden a estos centros hacen lo mismo? Aunque la respuesta debería ser un sí rotundo, en muchas ocasiones la contestación es un no.

He visto con mis propios ojos a niños de tres años llevar mochilas con las fichas escolares que han tenido que hacer en casa. Sé de padres que en estas edades se han tenido que gastar una cantidad excesiva de dinero en material escolar. Y se de escuelas infantiles que se olvidan que quién acude a sus aulas no son niños de ocho años, si no muchos más pequeños y pasan por alto la creatividad, la imaginación, la experimentación y los descubrimientos.

Parece ser que antes de los cuatro años, los niños ya tienen que hacer operaciones matemáticas básicas, haber comenzado con la escritura y tener un nivel medio de lectura. En mi opinión, creo que se están adelantando conocimientos, se están adelantando aprendizajes. Y de esta manera, los niños más pequeños ya empiezan con el estrés con una temprana edad.

Ojo, no estoy diciendo que todas las escuelas infantiles sean así y tengan programaciones que no están adaptadas a los niños, ni mucho menos. Hablo de esos centros y de esos padres (porque hay algunos padres que también son increíblemente impacientes) que quieren que sus alumnos e hijos (bebés incluso de seis meses) lo sepan todo y hayan adquirido el mayor conocimiento antes de incorporarse a educación primaria.

A mi parecer, creo que poco a poco se va perdiendo la esencia de lo que es la educación infantil. Se va perdiendo eso de ilusionar a los más pequeños, de emocionarlos, de estimularlos, de ofrecerles oportunidades para que experimenten, descubran y se sorprendan. La infancia, es una etapa increíblemente importante. ¿Qué sentido tiene si con tres años un niño ya sabe sumar pero no ha tenido momentos para imaginar y dar rienda suelta a su creatividad? 

Mel Elices

Educadora infantil, asesora en comportamientos y conductas infantojuveniles, asesora en mediación familiar, educadora en valores, asesora educativa e investigadora en educación emocional y disciplina positiva. Community Management y Social Media.

comentarios

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  • Cada niño tiene su propia capacidad de aprendizaje y su nivel de curiosidad. Los docentes y padres debemos darle al niño aquello que demande, adaptándolo, evidentemente, a la edad que tenga. No exigir pero tampoco limitar.

  • Querida Mel. Te sorprendería descubrir cómo los niños de 12 a 24 mese de la escuela infantil de mi hija son capaces de discriminar el número 1,2 y 3 y asociarlos a su cantidad de caramelos correspondiente. Asimismo de tanto jugar con los colores básicos también reconocen el amarillo y el rojo, e incluso reconocen la letra a y u entre otras muchas. Todo lo han aprendido con muchas dosis de juego, experimentación y creatividad, porque de esto último sus profesoras saben un rato. Profesionales de la educación como la copa de un pino que saben lo que hacen y fundamentan con hechos y eficacia la “estimulación temprana basada en Glen Domman” que llevan a cabo en el aula. Además, lo mejor es que mi hija está feliz y se lo pasa bomba.

    • Yo no dudo de que tu hija aprenda y que lo haga divirtiéndose, pero no tengo claro que sea lo necesario para ella en este momento. Según los estudios evolutivos del cerebro, a esas edades lo más conveniente es el juego desestructurado sin límite de tiempo entre actividades. Lo normal es ver a niños jugando 10 minutos a una cosa, 7 a otra, 20 a la siguiente y vuelta a empezar.
      Esos métodos son juegos pero dirigidos y yo no tengo tan claro que sean beneficiosos para los niños. ¿Qué aprenden a sumar y restar? Pues sí, pero no sé decirte a qué precio en el futuro.

      • Mi hijo tiene 4 años. Hasta este mes de septiembre no fue a escuela alguna, pero llegó a ella con nociones de cuentas (cuando tenía un año y medio era capaz de traerme uno o dos paquetes de macarrones, según le pidiera, ni te cuento a los 3 y medio, cuando entró en su primera aula) y poco antes de cumplir los 3 (un par de semanas, apenas) se volvió loco por las letras: las veía, las comparaba, preguntaba qué significaban…

        Lo digo por dos motivos:
        1. Lo padres preocupados porque sus hijos vayan con una buena base al cole, que se despreocupen: las cuentas y las letras son omnipresentes hoy en día y cualquier chaval mínimamente espabilado está tan immerso en ese mundo que aprenderá lo que sea incluso sin maestros (nos hemos esforzado mucho en casa en no fomentar otra que el juego para nuestro hijo)
        2. Los que os esxandalizáis de que los niños cuenten y “lean” a los 3 años, desescandalizaros: los adultos contamos todo el día, nos pasamos el día leyendo (cuentos, móbiles, información callejera…); cómo queréis que los niños, ansiosos de ser como nosotros, no deseen descubrir también los misterios de esos mundos? ¿O acaso en las ciudades y pueblos de hoy en día no hay tantas letras como arena en los parques? Del mismo modo que se llevan la arena a la boca, a la nariz…, buscaran introducir en si mismos las letras y las cuentas. Aunque nadie jamás les haya obligado a ello. Y, desde luego, cada niño lo hará cuando le apetezca. Incluso a los 3 años, si les parece bueno!

  • Es totalmente absurdo pretender enseñar matemáticas y lengua a ni niño tan pequeño. En un artículo de mi blog cuento cómo mi hija Emma aprendió a sumar pronto pero… ¡de memoria! No entendía lo que estaba haciendo, simplemente había aprendido todos los resultados de memoria de las posibles combinaciones.
    Nos empeñamos en perpetuar el sistema educativo pretendiendo enseñar a nuestros hijos las asignaturas llamadas importantes y dejando de lado la verdadera estimulación que debería ser jugar, abrazar, tocar, pisotear, oler, escuchar…
    Felicidades por tu blog.

    • ¡Buenos días, Pablo! Muchísimas gracias por tu comentarios. Tienes toda la razón del mundo. ¿Y qué me dices de las fichas y de las mochillas que llevan los peques? Cada vez que saco a mi perro por las mañanas veo a un vecinito de cuatro años con una mochilla que pesa casi más que él. ¡Y no te puedes imaginar lo que les ha costado a los padres los libros! Aunque supongo que lo sabrás por Emma. ¿Cuál es tu blog? ¡Me encantaría echarle un vistazo y hacer alguna colaboración contigo si te apetece! 🙂

      • Pues imagínate a una niña estresada porque tiene un examen de inglés y la pobre todavía no sabe ni escribir correctamente el castellano. O que tenga un examen de los huesos y los músculos y que para que los aprenda más fácilmente, le ponga un video de youtube y lo que realmente le apetezca sea bailar con la música de ese video… ¡Que tiene 6 años, por Dios!
        Mi blog es http://www.creciendosapiens.com y justo hace un mes o así publiqué un artículo sobre la estimulación temprana.
        Y por supuesto que estoy abierto a que colabores conmigo, será un placer.

Mel Elices escribe este blog

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