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El acoso escolar no es “cosas de niños”

Se me rompe el corazón al pensar en los niños que se han suicidado a causa del acoso escolar. Se me rompe el corazón leer por Internet las cartas que escribieron antes de hacerlo, despidiéndose de sus padres y expresando que “ya no aguantaban ir más al colegio”. Se me rompe el corazón al ponerme en el lugar de las familias que han perdido a sus hijos por algo que no debería existir, que no se debería llevar a cabo. Hace unos días fue Jackson, el niño de nueve años que se quitó la vida ahorcándose porque sus compañeros se metían con él por su baja estatura. Pero en España, el índice de acoso escolar subió un 75% en 2015. Y eso indica que una vez más, no se están haciendo las cosas bien.

“Cosas de niños”. Eso es lo que dicen algunos padres cuando los maestros les anuncian que sus hijos se han burlado de un compañero, han empujado a otro estudiante, le han dado un ligero golpe en la frente o se han reído de otros.

Obviamente, no son “cosas de niños”, son hechos que nos demuestran que se está produciendo acoso escolar en un centro educativo. Muchas familias se lo toman a broma y le restan importancia. Posiblemente pase eso porque no hayan educado a sus hijos en el respeto y en la tolerancia  ya que esos valores se aprenden en primer lugar en el núcleo familiar.

Desgraciadamente, este tipo de comportamientos en los colegios y en los institutos no han aparecido ahora. Hace bastantes años, el chico o la chica que se metía con otros era el mejor, era el más popular y para ellos, burlarse de los demás era increíblemente divertido.

Cuando yo iba a educación primaria en casi todos los cursos había estudiantes así: alumnos que se metían con los que llevaban gafas, con los que no se les daba bien la educación física y con los que salían a la pizarra a resolver problemas de matemáticas. Todos ellos tenían un mote. Un mote que hacía referencia a su aspecto físico o a alguna falta de habilidad. Y los que ponían esos apodos ofensivos y dañinos se escudaban diciendo que simplemente era un juego.

Ilusa de mí, creí que según fueran pasando los años, las cosas cambiarían a mejor. Que los futuros estudiantes serían más empáticos, más sensibles, más compañeros y más solidarios con los demás. Pero obviamente, me equivocaba. Hoy por hoy, los alumnos se suicidan porque ya no lo aguantan más. He llegado a escuchar que los niños de ahora son más débiles que los de antes.

Que los de antes también sufrían burlas y ofensas y que no se quitaban la vida. Está claro que son afirmaciones de personas que no tienen ni idea de lo que están hablando. No es cuestión de debilidad, no es cuestión de comprobar a ver quién aguanta más los insultos, los empujones y las ofensas. Se trata de que esas situaciones no deberían haber ocurrido ni tiempo atrás ni ahora.

En España, en el año 2009 y según estadísticas, hubo 154 casos de acoso escolar. En 2015, esos casos ascendieron a 573. En ese periodo de tiempo, el índice no ha hecho nada más que aumentar a pasos agigantados. Muchos de estos estudiantes aseguran que el acoso era diario y que en muchas ocasiones se daba lugar en los grupos de WhatsApp que tenían con los compañeros.

Afirmaban que desde la plataforma recibían insultos, amenazas y burlas de los demás. Es decir, ya no es simplemente un problema que se de en los centros educativos, sino que bastantes veces el estudiante que estaba siendo acosado en las aulas también lo estaba siendo en su propia casa.

Estoy de acuerdo en que los primeros valores importantes se tienen que aprender en casa. Los padres tienen que enseñar a sus hijos lo que es el respeto, la tolerancia, la solidaridad, la no discriminación y alejarlos del rechazo y de las etiquetas. No obstante, en los centros educativos, se tienen que reforzar esos valores.

Y desgraciadamente, muchos de ellos no lo hacen. Son muchos los que únicamente se centran en el contenido académico aun sabiendo que en sus aulas se están dando casos de acoso escolar. Algunos profesores miran hacia otro lado, hacen “oídos sordos” cuando un alumno se burla de otro y no intenta evitarlo. Y cuando el estudiante que es acosado se lo dice a sus padres, el personal del centro le resta importancia diciendo “son cosas de la edad. Ya sabemos todos cómo son los críos…”.

¿España tiene un programa educativo sólido para acabar con el acoso escolar? Obviamente, no. Parece ser que según van pasando los años, el índice de alumnos afectados se va incrementando cada vez más. Todavía son una minoría los colegios e institutos que sí se esfuerzan en crear aulas alejadas de la violencia basándose en el respeto, la tolerancia, la ayuda mutua y la solidaridad entre compañeros.

Todavía son una minoría los centros que dan importancia al lado emocional, social y personal de los estudiantes. Y todavía son una minoría los colegios que educan para la vida ofreciendo a los estudiantes herramientas útiles para sus días. El acoso escolar no es un problema de las familias únicamente, y tampoco lo es simplemente del centro educativo. Es un problema social que nos concierne a todos. Y por eso, tenemos que trabajar codo con codo para evitar que ningún niño o adolescente vuelva a tener intenciones de quitarse la vida.

About the author

Mel Elices

Educadora infantil, asesora en comportamientos y conductas infantojuveniles, asesora en mediación familiar, educadora en valores, investigadora educativa, educación emocional y disciplina positiva. Siempre seré una pedagoga en prácticas con muchas cosas que aprender.Community Management y Social Media. ;)

13 Comments

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  • Muy interesante tu análisis de una situación que, me temo, se nos puede ir de las manos. “Cosas de niños”, una disculpa cobarde por parte de quienes no se quieren implicar en un tema que existe. Estudié en un colegio de frailes y ya había acoso escolar. Niños que se reían y maltrataban a otros niños bajo la sonrisa cómplice de muchos profesores. Creo, es mi opinión, que tras estas conductas existe mucha frustración personal en medio de este ambiente violento que se respira por todas partes, por ejemplo, en la tele. Creo que es un serio problema de convivencia, de aceptación del diferente, de respetar las singularidades. Pero los actuales planes de estudio no tratan estos temas y en las familias creo que se dejan pasar de largo.
    Por ejemplo, entre los comentarios que ha suscitado este artículo, la mayoría son madres. ¿Es que a los padres no les interesa el tema? Yo no tengo la respuesta, expongo la pregunta.
    Gracias por tu entrada, Mel Elices.

  • Yo tengo dos niños en edad escolar gracias a Dios ninguno sufre de acoso, ahora los niños está más expuestos y es deber de los padres estar alertas a cualquier señal o malestar y conversar mucho con los hijos ayuda a fortalecer el autoestima, ahora incluso el acoso esta en las redes sociales estas estadísticas no deben seguir aumentando y aunque los padres trabajen hay que dar tiempo a los hijos y escuchar lo que les está pasando.

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