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El gran corazón de los maestros y educadores infantiles

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Todavía recuerdo la primera vez que entré en un aula de infantil para ser tutora. El corazón se me salía completamente del pecho, y me pasé todo el trayecto en autobús hacia el centro educativo con un sudor frío en las manos increíble. Qué nervios. Cuando la directora de la escuela abrió la puerta, la educadora de apoyo estaba con un bebé de seis meses en brazos y sonreía. Cuando me dijo que me acercara y que le cogiera, mil pensamientos se abalanzaron en mi cabeza: “¿y si se me cae?” “¿y si le muevo demasiado rápido y vomita?”

Cabe destacar, que en mis prácticas de educación infantil únicamente había estado con niños de 2-3 años. Pero finalmente, cuando me lancé, cuando tuve al bebé, supe enseguida que había elegido bien la profesión. Supe que tenía un montón de cosas que enseñarles (y ellos a mí). Y que finalmente, iba a hacer lo que me gustaba. Recuerdo como si fuera ayer, los gateos, los balbuceos, las risas, el tener mil ojos en vez de dos, los abrazos, los días en que los bebés venían malos a mi clase, y todo lo que me preocupaba. Recuerdo cambiar los pañales, y preguntarme a mí misma: “¿pero de dónde sale todo esto con lo pequeños que sois?”. Recuerdo las cosquillas, las siestas y las canciones.

Y recuerdo el cambio de etapa con ellos a 1-2 años. Recuerdo cómo querían empezar a caminar, todas las caídas y sus intentos al levantarse. Y sobre todo, me acuerdo de cómo lo consiguieron, de lo valientes y decididos que fueron. Nunca se me van a olvidar los besos, las miradas, todo el cariño que pueden brindar los más pequeños, y todo lo que me enseñaron como persona. Recuerdo esperar a los niños con la mejor de las sonrisas, con una ilusión nueva cada día, con la emoción de enseñarles cosas diferentes y que se sorprendieran. Con la motivación de ofrecerles oportunidades para que fueran ellos mismos, para que vivieran sus propias experiencias. Y es que los maestros y educadores infantiles, tenemos un corazón que no nos cabe en el pecho.

Los días que los maestros infantiles pasan en sus aulas, es una gran aventura. No tienen ni idea de lo que va a pasar en la jornada, pero siempre dan lo mejor de sí mismos, para que cada momento de los niños sea el más especial del mundo. No les importa mancharse, pintarse, sentarse en el suelo para contar cuentos, disfrazarse en eventos especiales, y hacer miles de juegos para que los más pequeños aprendan de manera divertida.

Algunas semanas, estarán tan increíblemente cansados que desearán que llegue pronto el viernes, pero el sábado y el domingo ya estarán echando de menos a los niños. Se esforzarán al máximo por aportar algo importante en la vida de los alumnos, algo realmente valioso. Y cada abrazo y besos que éstos les dan, lo tomarán como una fuerza única para seguir adelante. Harán todo lo posible para desarrollar la creatividad de los niños, y siempre lucharán por el bienestar y una educación de calidad para ellos.

Intentarán aprovechar el día al máximo, guiando a los más pequeños en sus propios descubrimientos. Transmitirán alegría, ternura y cariño en cada momento, incluso si no están pasando por una buena época. Siempre estarán dispuestos a crear escenarios interesantes que llamen la atención a los niños. La imaginación se convertirá en una de las “armas” más poderosas en el aula.

Ver sonreír a los alumnos sabiendo que se están divirtiendo, será una de las mejores cosas del día y lo que hará que se vayan a la cama orgullosos. Intentar escuchar a los más pequeños será una metodología increíblemente valiosa para ellos, y casi siempre se sorprenderán por la originalidad de sus alumnos y no podrán evitar echarse a reír por algunos comentarios. Ellos, serán los primeros profesionales en tener la oportunidad de abrir las puertas del mundo a los niños, y enseñarles todo lo maravilloso de él.

Tendrán días (muchos más de los que les gustaría), que escucharán que su profesión sirve únicamente para quitar pañales y limpiar mocos. Habrá días, que recibirán tales acusaciones que cuando lleguen a sus casas, inevitablemente se les caerá alguna lágrima descontrolada. Tendrán que aguantar como algunos padres tratan a sus hijos como si fueran coches, dejándolos aparcados en el centro, y si se les ocurre decir algo, sienten que su puesto de trabajo está en peligro.

Oirán muy a menudo que cualquiera puede estar en su lugar, que no se esfuerzan, que no aportan nada a la sociedad. Que dar de comer a los niños y acostarlos para la siesta es algo muy sencillo. Conocerán a familias, a las que les importe más que su hijo se haya manchado que haya vivido nuevas experiencias. Y les culparán de algunas pequeñas heridas que los niños se hayan hecho jugando en la arena. Les acusaran de no ser responsables, y de no tener más cuidado. De no estar más pendientes. De no ser dignos de trabajar en el centro.

Y aun así, a pesar de todo eso, siguen ahí. A pesar de todas las adversidades, se levantarán todos los días con una sonrisa. Esperarán a los alumnos con la misma ilusión que siempre porque ellos se lo merecen. Seguirán realizando su trabajo de la mejor manera posible, aunque les pongan miles de piedras en el camino. Y lo harán porque el único objetivo que quieren conseguir es hacer felices a los más pequeños, hacer que puedan reír, que puedan aprender jugando, que puedan ser ellos mismos en el aula y, que cada día que pase sea tan increíble para ellos que deseen querer volver cuanto antes.

Así son los maestros infantiles: personas de luz, comprometidos, sensibles, comprensivos, y dispuestos a sacar lo mejor de ellos mismos siempre. Desgraciadamente, habrá personas que tendrán el título de ser educador, y en el día a día no se merezca ser llamado así. Pero de eso no tienen la culpa los demás que sí se toman en serio su trabajo, sino los centros que los contratan. Y no podemos dejar que eso, nuble la profesionalidad, la ternura, el cariño y el gran corazón de los que sí se merecen ser llamados maestros infantiles en toda regla.

About the author

Mel Elices

Educadora infantil, asesora en comportamientos y conductas infantojuveniles, asesora en mediación familiar, educadora en valores, investigadora educativa, educación emocional y disciplina positiva. Siempre seré una pedagoga en prácticas con muchas cosas que aprender.Community Management y Social Media. ;)

2 Comments

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    • ¡Buenos días, Lena! Muchísimas gracias por leer la entrada y por dejar un comentario. Me alegra saber que te he emocionado. Simplemente quería “reivindicar” un poco la valentía y compromiso de los educadores y maestros infantiles. Que parece que en muchas ocasiones son olvidados por la sociedad.

      Un abrazo enorme. 🙂

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