Educación Pedagogía

Estudiantes brillantes y con talento que suspenden asignaturas

Desde que doy clases particulares, tengo por costumbre llevarme a los alumnos a merendar por ahí alguna tarde. Este año todos los niños están estudiando quinto y sexto de primaria (cabe destacar que el grupo estaba formado por cinco estudiantes). Hace unas semanas cuando nos reunimos todos uno de los estudiantes dijo en voz alta: “Mel, yo soy mal alumno porque he sacado un cinco en el examen de lengua”

Observé su cara lentamente y se me rompía el corazón en mil pedazos. Enseguida y temiendo que el niño se pusiera a llorar le cogí de las manos con cariño y le dije: “no eres un mal estudiante por haber sacado un cinco. Tampoco lo hubieras sido si suspendes. Esa asignatura te cuesta un poco pero has conseguido aprobar. ¿A qué ciencias naturales y educación física se te dan mucho mejor? Como todos los demás, tú tienes tu propio talento”. Al levantar la cara y la mirada pude ver que una sonrisa se dejaba ver poco a poco y me quedé algo más tranquila.

No obstante, curiosa de saber de dónde le habían venido al niño esos pensamientos, seguí un par de minutos la conversación: “pero, ¿quién te ha dicho eso?”. El pequeño, se encogió de hombros y contestó: “ha sido mi profesor. Me ha dicho que soy un mal estudiante y que en el próximo año no será tan bueno en las notas”. ¡A tomar viento fresco! Un maestro, le ha dicho a uno de sus alumnos que es malo estudiando y que no será tan “comprensivo para el curso siguiente”. ¿De qué me suena esta situación? ¡Ah, sí! De cuando yo estudiaba quinto de primaria.

Recuerdo estar a solas con el profesor de inglés en mi caso y decirme: “se ve que el inglés no es tu fuerte, no se te da nada bien y has hecho unos exámenes horribles. Este año, voy a aprobarte por los pelos porque soy así de bueno y tus pruebas están entre los cincos y cuatros, pero el año que viene como no te esfuerces más, voy a suspenderte desde el primer momento”. No sé si vosotros os habéis visto en la misma situación que yo hace unos años en vuestra época de primaria, pero yo sí que he tenido que vivir algunas. ¿Y qué me encuentro tiempo después? Que se sigue haciendo lo mismo: “te pongo un cinco porque soy el mejor profesor, pero tú eres un mal estudiante y al año que viene voy a ir a por ti”. ¡Já!

Lo importante de esa tarde, era conseguir que todos los niños se lo pasaran genial, compartir algún momento divertido fuera de las clases, y que fueran conscientes de los talentos que tenían cada uno. Pero eso no quita, que al llegar a casa me dejara caer desplomada en el sofá y me llevase las manos a la cara. “¿Pero cómo se puede dar tanta importancia a las calificaciones? “Pero, ¿cómo se puede prestar tantísima atención a los boletines de notas?” “¿De verdad son tan relevantes como para pasar por encima de las emociones y sentimientos de los alumnos?” Al parecer, en algunos centros todavía seguía siendo así.

Hablemos de “eres mal estudiante porque has sacado un cinco”, ya no es que sea algo antipedagógico decirle eso a un estudiante (que por supuesto lo es), sino que es inmoral. Y creo que bajo ningún concepto un alumno debería escuchar esas palabras en boca de su maestro. ¿Son conscientes estos docentes del daño que pueden hacer a los niños?

¿Llegan a hacerse una idea de lo frustrados que se pueden sentir? Y luego se quejan diciendo que sus alumnos no aprenden los temas y que no están interesados en las explicaciones. Es duro volver a darse cuenta de que todavía hay profesores de la vieja escuela que siguen soltando estas barbaridades a los estudiantes. Y ojo, también los hay jóvenes que piensan de igual manera.

El teléfono móvil me sacó de mis pensamientos. Era la madre del niño que por la tarde me había hecho esa confesión. Me daba las gracias por las cosas que le había dicho a su hijo,  y que ojalá hubiera más personas como yo. Me comentaba que no se lo había inventado. Por lo visto el maestro era excesivamente autoritario e inflexible y le decía ese tipo comentarios a los estudiantes. Y con un sabor agridulce (agridulce por ser conscientes de que no todos son maestros de corazón y por las palabras que me había dedicado la madre del niño), me pregunté a mí misma: “¿pero así cómo piensan aprender?

Estos señores y señoras que se hacen llamar maestros están destrozando la vida escolar de los estudiantes. Les están desmotivando, les están quitando las ganas de aprender cosas nuevas, de vivir experiencias, de de descubrir, de preguntar, de buscar información, de investigar. Les están arrebatando su interés, su creatividad y su imaginación. Es una verdadera pena tener que escuchar en más de una ocasión: “Jo, Mel, ojalá mi hijo tuviera un maestro como tu amigo a amiga”. No debería ser un “ojalá”. Todos los estudiantes deberían tener un docente de corazón en las aulas. ¿Por qué hay personas que han elegido ser profesores sin quererlo? Es todo un misterio por resolver…

Mel Elices

Educadora infantil, asesora en comportamientos y conductas infantojuveniles, asesora en mediación familiar, educadora en valores, asesora educativa e investigadora en educación emocional y disciplina positiva. Community Management y Social Media.

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Mel Elices escribe este blog

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