Educación

Etiquetas infantiles: absurdas, dañinas y ofensivas para los niños

Hace unos días, cuando mi pareja y yo estábamos paseando al perro por la tarde por un parque, pude escuchar perfectamente como un grupo de niños se referían a otro de su clase como “el empollón y el friki del colegio”. No tenían más de ocho años. También, aproximadamente hace una semana, a la espera de pagar algo de compra en la caja, escuché como un padre le preguntaba a su hija: “¿te refieres al compañero ese que parece que se le ha comido la lengua el gato y que no fue capaz de exponer el trabajo en público?”. Desgraciadamente, nos encontramos de nuevo con las etiquetas infantiles.

Era consciente de que las etiquetas personales a  los adolescentes e incluso a los adultos estaban a la orden del día, ¿pero también desde la infancia? ¿y son algunos padres los que catalogan así a otros niños? ¿Así es la educación en valores que les quieren enseñar a sus hijos? Sinceramente, me parece para echarse las manos a la cabeza. Por lo visto, la etiquetas infantiles están a la orden del día.

Ni siquiera, esos padres que etiquetan a los niños (que no son sus hijos, claro), pueden (y estoy casi segura) no conocer la historia de cada alumno. ¿Y si por ejemplo ese niño que no ha sido capaz de hablar del trabajo que ha realizado en público tiene algún conflicto en casa? ¿O si tiene alguna dificultad de aprendizaje y le da vergüenza hablar? ¿O si simplemente se puso nervioso ese día? ¿O si es tímido?

Puede haber un montón de posibilidades por las que le pueda pasar eso a un alumno. ¿Y si hablamos de ese niño al que llaman “friki o empollón” porque puede que únicamente le guste los temas que se dan en las clases y tiene motivación para sacar esas notas? ¿O si ese “friki o empollón fuese un niño con altas capacidades?” ¿O si simplemente no le gusta las materias pero aun así se esfuerza para obtener buenos resultados?

Y llegamos a las etiquetas infantiles probablemente más comunes que se utilizan en la actualidad: “qué niño más malo, qué niño más agresivo”. ¿Pero a qué se refieren las personas que dicen que un niño es malo? ¿Por qué le catalogan de esa manera? ¿Únicamente por sentir curiosidad por el entorno, querer descubrir cosas nuevas, jugar y ser inquieto?

Y los niños agresivos. Estoy de acuerdo que puede haber algunos niños que tengan un grado de agresividad alto o que tienen tendencia a los conflictos en aula. Pero, ¿se han preguntado esas personas que ponen las etiquetas a diestro y siniestro porque tiene esa agresividad? Puede que no se sienta bien consigo mismo, puede que tenga multitudes de carencias poco cubiertas por su familia. O puede que, sus padres utilicen un estilo educativo excesivamente autoritario.

La mejor forma de hacer buenos a los niños es hacerlos felices- Oscar Wilde

Lo peor de todo, es que por ejemplo, los maestros, orientadores y profesores de un centro se reúnen con los padres de un alumno que pone motes ofensivos a los compañeros y algunos responden: “¿Y qué pasa? Nosotros creemos que no es para tanto”. ¿Perdonen? ¿Les gustarían a ustedes que a su hijo le llamasen empollón o friki? ¿O que le dijesen los otros niños de aula que es un niño muy malo?

Supongo que no, que a ningún padre le gustaría vivir esa situación. Tampoco son conscientes que esas etiquetas o apodos que ponen sus hijos, pueden ser considerados como el inicio de acoso escolar. Y luego, cuando se lo comunican  los pedagogos y el personal educativo del centro, se sorprenden y en muchas ocasiones lo niegan.

Tampoco tienen idea de cómo se sienten esos niños al escuchar que son malos, que son muy agresivos, que no son capaces de hablar en público o que son unos empollones. Algunos piensan que no se dan cuenta, que no le dan importancia, que no es un tema relevante. Pero muchos de ellos como es más que comprensible, se sienten humillados, se sienten manipulados y como es obvio, rechazados y discriminados.

¿Y cómo pueden sentirse los padres y las familias de ver a su hijo sufrir por comentarios de sus compañeros? Estoy completamente segura que ni mucho menos bien.  Quiero dejar claro en este post que cada niño es un mundo, que cada familia es un mundo. Que cada alumno puede tener una historia totalmente diferente. Pueden tener problemas. Pueden tener distintas personalidades.

Que ningún niño, debería ser víctima de etiquetas infantiles, personales ni ofensivas. Y que por favor, si hay familias que escuchan en boca de sus hijos algún mal apodo a otros compañeros, les hablen y que les hagan saber que eso no está bien y que no es la forma adecuada de tratar a los amigos.

Porque desde luego, el centro educativo debería ser un espacio libre de rechazos, de prejuicios, de discriminaciones y de comentarios ofensivos hacia algunos alumnos. Debería ser un lugar donde todos ayudasen a todos, donde todos se respetasen, se tolerasen, donde pudieran estar cómodos y seguros. Vaya, un lugar donde cada alumno pudiera ser uno mismo sin avergonzarse en ningún momento.

Mel Elices

Educadora infantil, asesora en comportamientos y conductas infantojuveniles, asesora en mediación familiar, educadora en valores, asesora educativa e investigadora en educación emocional y disciplina positiva. Community Management y Social Media.

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Mel Elices escribe este blog

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