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Inteligencia Emocional: clave para una buena convivencia familiar

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Hoy en día muchas familias, hacen verdaderos malabares para conciliar la vida familiar y personal con la laboral. Muchas veces, saben que hay cosas que están haciendo mal, sienten que están perdiendo la confianza con sus hijos y también con su pareja (en el caso de haberla). Hay padres y madres que se sienten muy perdidos y que a veces, no tienen la menor idea de cómo seguir por el buen camino por mucho que lo intentan. Y hay veces, que ni siquiera, por unas cosas u otras, tienen tiempo para comunicarse entre ellos, hablar de su día y de las cosas que han hecho. Quizás, no sean conscientes de lo mucho que les puede ayudar la Inteligencia Emocional en estos casos. Lo que voy a intentar en este post, es aportar un rayo de luz a esas familias que creen que sus vidas o la educación de sus hijos se les van de las manos. Para eso, escribiré sobre dos apartados: la Inteligencia Emocional en los padres y en cómo pueden ellos ayudar después a sus hijos.

La Inteligencia Emocional en los padres: conocerse a uno mismo.

Son muchas las ocasiones en las que los padres, no tienen tiempo o están demasiado ocupados para sentarse unos minutos respirar, cerrar los ojos y pensar tranquilamente en el camino que están llevando sus vidas. Hay adultos que por ejemplo, no se conocen a sí mismos, que no son conscientes de sus debilidades, de sus limitaciones, de sus puntos fuertes, ni de sus habilidades como padres o como pareja. Pero lo que está claro es que si la madre y el padre, gestionan bien sus emociones y sus sentimientos, transmitirán mucha energía positiva y valores importantes a los suyos. ¿Pero cómo pueden conseguirlo?

En referencia al Área Personal: 

  • Conciencia de las propias emociones: es muy importante que los padres tomen consciencia de las emociones. Es decir, que sepan identificarles, que sepan gestionarlas y sobre todo entenderlas y comprenderlas.
  • Autoestima equilibrada: ojo, como digo siempre, tener una autoestima equilibrada no significa que se tenga el ego por las nubes, porque eso, dificultaría en reconocer los propios errores. El equilibrio de la autoestima se consigue valorándose a uno mismo, sabiendo que no es perfecto y que se equivocará en algunas ocasiones. Pero también siendo consciente de que de los fracasos y de las meteduras de patas se puede aprender.
  • Mayor confianza en uno mismo: muchas veces se tiende a dudar después de las decisiones que hemos tomado. Nos preguntamos si serán o no las adecuadas. Ante eso, se tiene que desarrollar más seguridad. Si se toma una decisión y resulta ser la errónea, en gran parte de las ocasiones, se puede rectificar y como decíamos antes: aprender.
  • El autocontrol es muy importante: sí, soy consciente de que algunas situaciones son muy difíciles de llevar, que algunas veces la respectiva pareja o los hijos pueden derramar la paciencia. Sé que es complicado, pero hay que intentar esforzarse en controlar las emociones. Por ejemplo, si nuestra pareja ha hecho algo que nos ha ofendido, que nos ha hecho daño, transmitírselo de manera natural y comunicativa. A veces, se tiende a decir más las cosas y a practicar el “ojo por ojo”: tú me has hecho daño, yo te lo voy a hacer más. Y, particularmente creo, que esa no es una buena opción.
  • ¡Hay que motivarse!: todos sabemos que ser padres, que ser parejas, no es nada sencillo. Que todo eso tiene sus altibajos y sus momentos buenos que te llenarán de felicidad. De vez en cuando, los padres que se esfuerzan, que se toman en serio la educación de sus hijos y la vida familiar, tienen que motivarse. Tienen que ser conscientes lo mucho que hacen en su día a día.

En el Área Social:

  • Empatía: la empatía es básica para una buena Inteligencia Emocional. Se tiene que trabajar en comprender los sentimientos y las emociones de los demás. Hay que procurar entender las decisiones y los pensamientos de los demás miembros de la familia.
  • Mejorar las habilidades comunicativas: en este aspecto es muy importante adaptar las palabras y las conversaciones en función a quién vayan a estar dirigidos los comentarios. Esto quiere decir que, obviamente, no es lo mismo hablar con un hijo de trece años que con uno de seis. Y como es más que evidentemente, tampoco es lo mismo hablar con la pareja. Por eso, es clave, tener claro y esforzarse en la comunicación.
  • Resolución de conflictos: os mentiría si os dijese que en la familia y en la convivencia familiar, no vayan aparecer obstáculos y discusiones. Pero, ante eso, hay que saber gestionarlos y hay aportar ideas para solucionarlos.
  • Constante colaboración y trabajo en equipo: está claro que para mejorar la convivencia familiar, los padres tienen que trabajar juntos, tienen que ayudarse y apoyarse mutuamente. Tienen que esforzarse en confiar el uno en el otro. En tomar las decisiones los dos y en aprender de las cosas ambos.
  • Tomarse un respiro: aquí, puede que haya un conflicto. Yo soy de las que piensa, que no pasa absolutamente porque algún fin de semana los padres dejen en casa a sus hijos de los abuelos, o de algún que otro familiar de confianza. De este modo, ellos podrán disfrutar también de su independencia, de pasar tiempo juntos, de intimidad, de salir o de quedar con los amigos. En cuestión, tomarse un respiro, no significa ser peores padres.

¿Qué pueden hacer los padres para desarrollar la Inteligencia Emocional en sus hijos?

¿Quieres saber más de cómo educar las emociones en casa? ¡Te recomiendo pinchar en el enlace! 

Que los hijos hablen de sus emociones y de sus sentimientos con sus padres, sin duda alguna, puede ayudarles mucho en su desarrollo personal y académico. Ser conscientes de las emociones desde una temprana edad, también puede ayudar a desarrollar buenas habilidades sociales. Sin embargo, hay algunas familias que no saben muy bien como hacerlo, cómo hablar adecuadamente de lo que sus hijos pueden sentir en algún momento, de sus inquietudes y de sus dudas. Hay algunas pautas sencillas que los adultos pueden generar para que esas conversaciones, para que esa confianza que buscan se lleve a cabo.

  • Adaptar en casa un clima de seguridad y de confianza: se tiene que ser consciente de que cada hijo es un mundo. Esto quiere decir, que se tiene que tener en cuenta su edad y su personalidad. Por ejemplo, a los niños más pequeños, les suele costar menos hablar de sus sentimientos, pero los adolescentes, suelen ser más callados en ese aspecto, y eso, a la larga, quizás pueda acarrear problemas. Por eso, los padres tienen que dejar claro a sus hijos, que en casa se puede hablar de todo y se pueden expresar las emociones de manera relajada y educada.
  • Hablar de sentimientos no es malo: hay hijos que sienten vergüenza al hablar de emociones con sus padres y prefieren no hacerlo. Hay que explicarles que no tienen de que avergonzarse, que sentirse mal, preocupado, o triste no es ningún signo de debilidad ni de flaqueza. Todo lo contrario, que hablarlo y comunicarlo es lo más valiente que se puede hacer.
  • Comprender las emociones de los hijos: esto es algo importante. En algunos casos, los más pequeños se sienten tristes porque un compañero se ha reído de ellos, o porque no han sabido hacer un ejercicio en clase, o porque ha perdido un partido en Educación Física. Hay veces que los más mayores, sienten confusión y dudas sobre quién son. Ante eso, hay que intentar comprender como se sienten ellos, esforzarse por entenderlos.
  • Ponerle nombre a lo que sienten: en muchas ocasiones los más pequeños no saben cómo se llama lo que están sintiendo. En estos casos, es muy útil hacer un mural con las caras de las emociones: me siento triste, enfadado, feliz, nervioso… Con los adolescentes, aunque puedan sentirse confusos en algunos aspectos, es más fácil que sí identifiquen qué es lo que se sienten. Es evidente, que aprendiendo el nombre de las emociones es más sencillo su expresión y su comunicación.
  • No adelantarse haciendo juicios: esto quiere decir que no se tiene que criticar las emociones ni los sentimientos de los hijos. En la mayoría de las veces, sus emociones vienen provocadas por algún tipo de acción. Por eso, es muy importante mantener una escucha activa en todo el proceso y no adelantarse con las conclusiones.

Cabe destacar que una buena Educación Emocional en casa, pueden mejorar muchísimo la convivencia de todos. Puede hacer más fácil la comunicación, la expresión de los sentimientos y su identificación. Un clima de seguridad y confianza en el que todos los miembros de la familia son importantes y pueden decir de forma adecuada cómo se sienten, es algo muy importante a tener en cuenta para que las relaciones de pareja e hijos sean lo más sanas posibles.

About the author

Mel Elices

Educadora infantil, asesora en comportamientos y conductas infantojuveniles, asesora en mediación familiar, educadora en valores, investigadora educativa, educación emocional y disciplina positiva. Siempre seré una pedagoga en prácticas con muchas cosas que aprender.Community Management y Social Media. ;)

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