Educación Pedagogía

La desmotivación escolar no es culpa de las leyes ni del gobierno

Ayer por la noche leí un artículo muy interesante a Pedro Sáenz-López Buñuel, catedrático en Ciencias de la Educación y director del curso “Motivar en las aulas” publicado por el periódico El Mundo. En él se hacía muchas referencias a la importancia de que el profesorado esté formado en inteligencia emocional y en conocer las herramientas clave para disminuir la desmotivación escolar.

En el texto, Pedro afirma que la actitud y la motivación de los docentes es más importante que la de los alumnos. Y que un profesor que sea positivo, que tenga ilusión, que se encuentre emocionados y con ganas de dar lo mejor de él en las clases, no solo va a conseguir que los estudiantes estén motivados sino que estará fomentando la felicidad en las aulas.

Quizás de todo el artículo, la frase que más me llamó la atención fue la siguiente: “«No es culpa de mi sueldo, del director, de mis compañeros, del ministro, de la ley o de la sociedad. La culpa de un aula desmotivada es mía. Y salir de esa contaminación ambiental negativa es difícil.” Y debo reconocer que es uno de los pocos docentes a los que he leído (o escuchado) reconocer que no toda la culpa de la mala calidad educativa es del gobierno.

Y pensando detenidamente en esas palabras, creo que tiene toda la razón del mundo. Estoy de acuerdo en que el sistema educativo está completamente obsoleto. Puedo entender que las leyes educativas estén realizadas a lo absurdo y por gente que no es profesional de la educación. Y puedo comprender que la burocracia es la pésima compañera del profesor. Pero por donde no paso es echar la culpa a todo lo anterior de la desmotivación escolar.

Empecemos recordando que nadie obliga a nadie a ser maestro ni profesor. Nadie obliga a nadie a escoger la carrera de Magisterio. Por lo tanto, estar en las aulas es algo elegido por voluntad propia por cada uno. De estas personas, no todas lo hacen por vocación, desgraciadamente. Hay algunos (o bastantes) que deciden dedicarse a la enseñanza por conceptos equivocados (sueldo, vacaciones), por comodidad o por tener un título colgado en la pared.

Obviamente, esas personas no sienten pasión ni emoción por lo que hacen ni por su profesión. Posiblemente, están pensando continuamente en que se equivocaron de carrera y que tenían otras expectativas completamente diferentes. Pensaban que ser maestro era pan comido y que no iban a tener que mover demasiados dedos para tener un sueldo a final de mes. Pero cuando entraron en las aulas por primera vez se llevaron la mayor de sus sorpresas: y es que ser profesor no tiene nada de fácil.

desmotivacionY cuando se produce ese choque, esa comprensión de lo que significa ser maestro y de la auténtica realidad adoptan una actitud negativa. Y esa actitud es transmitida a los estudiantes. Por lo tanto, no van a tener ganas de aprender, no se van a sentir inspirados, no van a estar emocionados y ni mucho menos felices. Quizás, algunos de vosotros estaréis pensando que la motivación escolar es cosa de los estudiantes, pero no os podéis imaginar lo que influye en el proceso de aprendizaje tener delante todos los días a un profesor que no disfruta con su trabajo. Así, es muy complicado ir a clase.

Una vez que se cierra la puerta del aula, es el maestro o profesor quién decide tener una actitud u otra. Disfrutar de su trabajo, divertirse, emocionarse o inspirar a los estudiantes es su elección. Al igual que puede escoger sentarse en la silla, impartir la lección desde ahí y dirigir a los alumnos hacia la sumisión educativa y desmotivación escolar. El gobierno no tiene nada que ver con que los estudiantes estén felices y motivados, pero los docentes sí. Las leyes educativas absurdas tampoco tienen nada que ver, pero los maestros sí que pueden hacer que los alumnos sonrían y que tengan ganas de aprender.

Yo he tenido profesores de los dos tipos y mis sensaciones como estudiante son totalmente diferentes. Con los profesores sin vocación ir al centro educativo era todo un suplicio y casi una obligación. Los compañeros y yo nos dedicábamos a sentarnos en las sillas a escuchar durante una hora. Cero ilusión, cero motivación y por supuesto, cero emoción. Con los maestros que disfrutaban de su trabajo todos los días eran alegrías, todos los días significaban aprender cosas nuevas de la mejor manera y no sabíamos lo que era la desmotivación escolar.

Para terminar, os comparto otra de las frases que dijo Pedro en el artículo: «La excusa típica que ponemos los docentes es el sueldo, los directivos, las mejores condiciones… Y eso no es así: Debemos de convencernos de que tenemos una profesión maravillosa y pocas profesiones tienen un impacto social como la nuestra»

Mel Elices

Educadora infantil, asesora en comportamientos y conductas infantojuveniles, asesora en mediación familiar, educadora en valores, asesora educativa e investigadora en educación emocional y disciplina positiva. Community Management y Social Media.

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Mel Elices escribe este blog

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