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La importancia de no cortar las alas a los niños

Hace algunos días, vi en el muro de Facebook de un amigo una imagen que me llamó muchísimo la atención. Seguramente, muchos de vosotros ya la habréis visto. Se trata de un niño al que sus padres le están cortando las alas con un texto que dice lo siguiente: “Serás abogado como tu padre”. Y debajo de la imagen seguía: “Cada niño es único e irrepetible, déjalo descubrir su vocación. Jamás le cortes sus alas”. Me gustó tantísimo el mensaje que le dije a mi amigo que tenía una idea para un post acerca de la imagen.

Si pensamos un poco, ¿a cuántos niños les habrán cortado ya sus alas? Desgraciadamente, a muchísimos. A diario, la sociedad en la que vivimos les dice cómo tienen que actuar, qué es lo que tienen que hacer, cómo tienen qué ser y lo que tienen que pensar. Incluso me arriesgaría a ir más allá. Me atrevería a decir que algunos padres son los primeros que cortan las alas a sus hijos. No les dejan descubrir por sí mismos, experimentar y sorprenderse. Algunos adultos si los niños no cumplen las expectativas que tenían reservadas para ellos se decepcionan. Y en vez de aceptar a sus hijos tal cómo son, les prohíben ser.

Recuerdo una situación cuando empecé a trabajar en una escuela infantil. Antes de ser tutora, tuve que pasar un año como educadora de apoyo en el nivel 2-3. Y en un mural que estábamos haciendo repleto de flores que los niños habían pintado, unos padres nos dijeron a las educadoras que por qué su hija había pintado una flor de color rosa. Nos dijeron de muy malas maneras que nosotras teníamos la obligación de enseñar a los más pequeños la realidad. La tutora, una gran maestra de corazón, por cierto, le respondió con una sencilla pregunta: “¿y qué hay de malo porque haya pintado una flor rosa? ¿no cree que el mundo necesita un poco más de color e imaginación?”

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Desafortunadamente, no todos los docentes son así. Hay algunos profesionales que en sus clases siempre les dice a los niños lo que tienen que hacer, cómo tienen que pintar y qué colores elegir. Vamos, lo que viene siendo un aprendizaje autodirigido y sumiso. ¿Cuál es el problema de esto? Que un futuro, cuando sean personas adultas les costará muchísimo tomar decisiones por sí mismos, que en muchas ocasiones necesitarán depender de alguien, y sobre todo, que no habrán adquirido las herramientas necesarias para resolver conflictos diarios y su creatividad e imaginación se habrán visto afectadas considerablemente. ¿De verdad es algo tan grave que un niño dibuje un gato azul, una nube rosa y un mono verde? Para mí no es ningún delito.

Si volvemos an núcleo familiar, hay padres que prácticamente no dejan vivir a sus hijos. La sobreprotección es igual de mala que la indiferencia, el exceso de autoridad y el pasotismo. Hay adultos que quieren educar a los niños a su imagen y semejanza. Y desde muy temprana edad, precisamente por esa presión, los más pequeños sufren de estrés y ansiedad. Son padres que no dan ninguna libertad para que sus hijos sean autónomos, experimenten, y descubran cosas más allá de las que ellos les enseñan. Podríamos decir que siempre tienen que caminar por una fina línea dirigida por los adultos. Y si eso pasa en la infancia, os podéis imaginar cómo son las situaciones en la adolescencia.

¿Cuántos padres se enfadan porque sus hijos no quieran ir a la universidad nada más terminar bachillerato? ¿Cuántos padres se decepcionan porque no escogen los mismos estudios que ellos para continuar con el negocio o legado familiar? Es una lástima que algunos jóvenes tengan miedo de decir lo que verdaderamente sienten a sus padres. Y es una pena que los padres no acepten las propias decisiones de sus hijos. ¿De verdad es algo tan grave no ir a la universidad? ¿De verdad es algo tan grave estudiar una carrera diferente por vocación? Os resultará una exageración, pero muchos jóvenes escogen un grado universitario que no les apasiona por no ofender ni decepcionar a su familia.

Pero ojo, cuando digo que no hay que cortar las alas a los niños, no me refiero a que los padres no pongan límites y normas si lo creen necesario. No quiere decir que se les permita y consienta absolutamente todo. a los hijos. Y no quiere decir que no se le enseñe a gestionar su frustración cuando algo no era lo que parecía. Cuando hablo de no cortar las alas a los más pequeños, hablo de la libertad de elección, de la libertad de descubrir, de experimentar, de sentir, de equivocarse, de fallar y de volverlo a intentar. Hablo de que a través de esos descubrimientos, de los experimentos, de las sensaciones, de las emociones, de los fallos y de los errores, sean los niños los que decidan qué quieren ser. Porque de esa manera, aprenderán a ser personas.

About the author

Mel Elices

Educadora infantil, asesora en comportamientos y conductas infantojuveniles, asesora en mediación familiar, educadora en valores, investigadora educativa, educación emocional y disciplina positiva. Siempre seré una pedagoga en prácticas con muchas cosas que aprender.Community Management y Social Media. ;)

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