Educación Pedagogía

"La sonrisa de mis alumnos es lo mejor de ser maestro"

Todos los maestros que tengo el gusto de conocer, me dicen siempre lo mismo: “Mel, yo sigo trabajando en el centro por mis alumnos”, “la sonrisa de los estudiantes es lo que me motiva cada día a ser mejor”, “entro todos los días a clase con la ilusión de que aprendan algo nuevo”. Está claro, que hablo de docentes con pasión y con emoción. De esos profesores que consiguen llevar el buen humor a las aulas y que enseñan desde los valores.

De esos educadores infantiles que realizan su trabajo con el mayor amor y cariño del mundo y que preparan un clima y ambiente acogedor y seguro para que los más pequeños se sientan cómodos y disfruten de estar allí. Como en cualquier trabajo, hay profesionales buenos y malos, pero para mí, en lo que respecta a la docencia no debería haber tal distinción. Únicamente deberían existir personas que han elegido ese trabajo con el corazón y por vocación.

Desgraciadamente, en algunos casos nos encontramos con “docentes” que no han elegido estar en las aulas por vocación, sino por pura comodidad y sencillez. Aunque esas prácticas, deben ser criticadas (y denunciadas si vienen al caso), no podemos dejar que nublen y que no se den importancia a  las cosas que hacen los maestros de corazón. No podemos meter a todos los profesores en el mismo saco.

No podemos pensar que porque dos hayan tenido malos comportamientos y mala praxis, los demás también van a ser así. Porque ya os digo yo, que ese razonamiento y pensamiento es equivocado. Hay personas (ya ni los llamo maestros) que no viven la enseñanza, estoy totalmente de acuerdo. Pero, ¿qué hay de los que sí lo hacen? ¿Qué pasa con esos profesores que se esfuerzan por hacer bien su trabajo? Ellos no se merecen tener la desconfianza de la sociedad. Ellos se merecen mucho más, pero como siempre, en muy pocas ocasiones su trabajo es reconocido.

Muchas personas, no tienen en cuenta que hay docentes que se echan a la calle a protestar contra una educación que no se adapta ni a los estudiantes ni a las familias. Hay muchos profesores, que deciden ir a huelgas sin importarles que esas horas invertidas a luchar por un sistema educativo transformado, se las quiten de su sueldo a final de mes. Y hay maestros que se implican cada día con los alumnos, que les brindan su ayuda, que los escuchan, que les comprenden y que quieren lo mejor para ellos.

Hay profesores que deciden dejar el centro educativo en el que trabajan porque no se están respetando ni teniendo en cuenta a los alumnos. Sin duda alguna, hay docentes que valen muchísimo la pena y que están siendo tratados de la manera más injusta posible. A todos, de vez en cuando nos gusta que nos digan que hacemos un gran trabajo, sentirnos útiles y valorados. Imaginad, que lo único que escuchéis sean malas palabras, ofensas, y acusaciones sin fundamento. Desgraciadamente, así se sienten muchos buenos profesionales de la educación.

Pensemos por un momento en esos educadores infantiles que se disfrazan en obras de teatro para hacer algo diferente con los niños, aquellos que se preocupan cuando los padres entran por la puerta y les dicen: “Carlos está malo, le tienes que dar esta medicación cada cuatro horas”. Aquellos que educan a los más pequeños desde el cariño, desde el amor y les van guiando en la formación de su propia identidad y personalidad. Aquellos que intentan resolver las dudas de las familias, que les intentan ayudar en los momentos más complicados.

Aquellos maestros de primaria, que deciden aventurarse a probar metodologías nuevas con los estudiantes porque, aquellos que se adaptan a los alumnos y no al revés, aquellos que dan la misma importancia a la educación emocional que a las matemáticas, aquellos que hablan con los directores del centro y les proponen actividades que se alejan de lo tradicional. ¿Es que ellos no se merecen nuestro respeto y admiración?

Y todo eso lo hacen sin recibir nada bueno a cambio. Todo lo contrario. En muchas ocasiones se les ha congelado el sueldo a final de mes, ministros han pensado en eliminar asignaturas que impartían, padres y madres han criticado su trabajo exponiendo que los maestros tenían la culpa de que su hijo no estudiara, cuando el problema venía de casa. Por no hablar de los interinos que se esfuerzan cada día por hacer bien su trabajo, y son despedidos del centro a los cuatro meses de haber sido contratados.

Por esos docentes que creen que la enseñanza significa mucho más que estar en las aulas y les amenazan con ser expulsados del centro y quedarse sin empleo sino acatan las normas. A pesar de todo eso, a pesar de ser una de las profesionales más maltratadas de nuestro país, ellos siguen ahí al pie del cañón. Siguen luchando, siguen esforzándose, siguen ilusionados, siguen creyendo en una nueva educación. Y siguen contando: “todo lo que motiva es ver la sonrisa de mis alumnos cada día. Eso es lo que importa”. Si esto no es vocación, señores y señoras, ¿me pueden explicar qué lo es?

Mel Elices

Educadora infantil, asesora en comportamientos y conductas infantojuveniles, asesora en mediación familiar, educadora en valores, asesora educativa e investigadora en educación emocional y disciplina positiva. Community Management y Social Media.

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