Educación Pedagogía

Los maestros de corazón tienen el superpoder de cambiar el mundo

¡Muy buenas! Hoy os traigo un post muy especial (al menos para mí lo es). Se trata de un post colaborativo con cuatro personas que aman la enseñanza en su esencia. Estoy convencida de que que si sois unos apasionados de la educación los conocéis a todos. Ellos son Luis Anes, Elvira Fernández, Adara Díaz y Mónica Lemos. Todos han escrito una reflexión muy especial acerca de la educación, de los maestros y de la enseñanza. ¿Os animáis a leerlos? No os decepcionarán. 🙂

Luis Anes, uno de los maestros que lleva el sentido del humor a las aulas

Dice la RAE, sobre VOCACIÓN: inclinación o interés que una persona siente en su interior para dedicarse a una determinada forma de vida o un determinado trabajo. ¡Pues eso! Somos maestros, ¿hay mejor motivación que ésa? Siéntete orgulloso de serlo, a la vez que afortunado. Tenemos la mejor profesión del mundo. Que al verte llegar digan, “¡ahí viene el maestro!”.

Me encanta ser maestro. Decidí ser docente porque creo que podemos cambiar el mundo en un lugar mejor para vivir. Estoy tratando de ayudar a que mi escuela sea un lugar de felicidad. El lugar principal para el proceso de enseñanza-aprendizaje no está en la mente … ¡sino en los corazones!

Para que los niños y niñas aprendan es necesario que amen ir a la escuela, que les encante aprender, deseen mejorar sus propias experiencias de vida. Escuchar al alumno, dotarles de protagonismo, trabajar el aspecto emocional como favorecedor del aprendizaje, clases vivenciales y prácticas… Y obviamente… ¡es necesario que les gusten sus maestros!

Tenemos el poder de mover, el poder de mejorar. Debemos cambiar el punto de vista respecto a la Educación, pero también respecto a los docentes. Somos muchísimos los locos docentes, explica y cuenta a los demás cuánto hacemos y más importante aún, cuenta cuánto amamos nuestro trabajo. Porque de consejos ya estamos colapsados, inspira con tu ejemplo. 

Mientras algunos se empeñan desde arriba y sin enterarse en cambiar la Educación y su ley, somos los educadores, maestros y profesores desde abajo quienes podemos, más allá de papeles y mareantes documentos políticos, cambiar la realidad de las aulas y colegios.

Adara Díaz, la educadora que lucha por la felicidad de los niños

Estoy segura de que alguna maestra debió de ser especialmente genial conmigo pero era muy pequeña y no la recuerdo. Pero alrededor de los seis años decidí que sería “maestra de niños pequeños”. Siempre he adorado a los niños. Lo divertidos que son, lo generosos, su inocencia y la sonrisa eterna dibujada en su rostro. 

Tras intentos fallidos en la universidad me apunté al Grado Superior de Educación Infantil a distancia, porque no había plazas presencial. Me vino genial que fuera a distancia por la libertad que te da sin estar ligada a horarios ni autoridades, la autonomía de tener que planear tu tiempo.

Mis prácticas se dieron en una etapa muy convulsa de mi vida. Pero llegaba al Centro y me reconfortaba que mis niños me achucharan y me sonrieran, e incluso aquellos que lloraban y necesitaban que fuera yo quien les achuchara, me reconfortaban más todavía. Me sentía valorada y querida y eso hacía que durante las horas que estaba en las prácticas me olvidara por completo de los malos rollos que tenía fuera de allí.

Actualmente no trabajo de educadora ni de monitora. Pero desde mi puesto siempre tengo presente a los niños. Preparo excursiones para ellos, dirijo con mi marido, desde el AMPA las extraescolares (unas extraescolares muy libres y especiales) del colegio unitario al que asisten mis hijos y doy talleres de manualidades en las fechas destacadas del pueblo como Carnavales o Navidad…

Ahora que soy mayor me vuelco en ellos para que disfruten su infancia, que dura poco y es un tesoro. Lucho para que creen recuerdos hermosos de los que no se olvidan aunque pasen mil años. Y me esfuerzo para que comprueben que aprender puede ser muy divertido y para que los niños sean felices. 

Mónica Lemos, una apasionada de la educación emocional con mucha sensibilidad

No me gusta llamarlo “ser educadora” ni tampoco “ser maestra”. Con el paso del tiempo he descubierto mi vocación a través de mis propias carencias educativas en el ámbito emocional. Descubrí que quiero dar alas a las personas desde que empiecen a respirar en este mundo, hasta que notan cómo se les revela, sintiendo de forma libre y sana.

Quiero acompañar en el aprendizaje de la vida, guiar en la medida de mis posibilidades, y recíprocamente aprendiendo de grandes personas consideradas incompletas o a medio camino. Creo firmemente que todas las personas somos educadoras ya que transmitimos y proyectamos todo tipo de información y de conductas que impactan irremediablemente en las demás.

Mi fin más ansiado es especializarme en educación emocional pero de una forma global, fusionada con las TIC, las manualidades, el arte, la música,… y todas aquellas piezas importantes que forman el gran puzzle de la vida.

Elvira Fernández, la maestra de primaria a la que le encanta aprender de los estudiantes

Cuando decidí ser profesora, no fui realmente consciente del poder que emana al ejercer la docencia, al pisar un aula por vez primera, al tratar con los niños. Tenía algo de lo que comúnmente reconocemos como vocación y muchas, muchas, muchas ganas de trabajar. Pero la realidad cotidiana de este trabajo para mí ha sido una transformación a nivel personal.

Ahora mismo puedo decir que tengo el privilegio de aprender cada día como cualquiera de mis alumnos, de mejorar mi autoestima, de comprender más y mejor a los demás, de respetar, de emocionarme y de emocionar, de ver la vida desde un prisma más positivo y motivador. El auténtico superpoder del maestro es que conoce una verdad absoluta y es que ese cambio que quiere para la sociedad, ese cambio que quiere para el mundo, empieza por sí mismo.

Estoy realmente orgullosa de haber escogido esta profesión, que más que una mera transacción económica, es un regalo que transforma desde dentro y que florece hacia fuera. Quise ser maestra porque me gustaba enseñar, transmitir y comunicarme. Fui consciente de que primero tenía que trabajar conmigo misma haciéndome más competente en diferentes aspectos:

  • Empatía, comunicación, capacidad de escucha, resiliencia, paciencia, comprensión, creatividad…

De esta forma, pude conocer mi poder para transformar esta sociedad. Un privilegio impagable.

¿Queréis saber más de estos maestros, educadores y apasionados de la educación?

En este apartado os dejo algunos de los sitios donde podréis cotillear un poco más lo que hacen. ¡Seguro que os apetece un montón! Pues… ¡allá vamos!

Mel Elices

Educadora infantil, asesora en comportamientos y conductas infantojuveniles, asesora en mediación familiar, educadora en valores, asesora educativa e investigadora en educación emocional y disciplina positiva. Community Management y Social Media.

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Mel Elices escribe este blog

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