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Los niños tienen que equivocarse para poder seguir aprendiendo

Una de las cosas que más incomoda a las personas son las distintas etapas en cuyo el fracaso y la frustración están presentes. Obviamente, somos conscientes de que son parte de nosotros, de nuestra vida. Pero, ¿hasta qué punto somos conscientes?  Debemos tener muchas pautas en cuenta para poder hacer un completo desarrollo en los más peques y puedan así concluir con una superación total de sus propios errores de una forma que sea amena, constructiva y participativa. La labor de cualquier madre, padre, tutor o educador, debería centrarse en todas aquellas circunstancias por las que pasan los niños, desde las equivocaciones más leves hasta las de mayor profundidad, haciéndoles ver que nunca han de rendirse y siempre luchar por todo aquello que quieren.

Son muchas las ocasiones en las que, tratar de evitar que algo les duela, que le haga sentir frustrados e inclusión con pretensión de hacerles más felices, se hace todo cuanto se cree positivo para ellos dándoles incluso aquello que quieren, para que, de forma simple, puedan evadirse de lo malo. Es un error que lamentablemente se repite a menudo. OJO, pongamos un ejemplo: No por darle al niño cuando se cae, una piruleta, porque es lo que quiere, estamos actuando correctamente, lo que se debe es actuar mediante ‘’modo conversación’’, planteando la situación y haciéndole visualizar por qué no debe preocuparse en exceso. ‘’Te has caído sí, pero no pasa absolutamente nada, te pondrás bien’’.

Lo que quiero decir, es que debemos enfocarlos a afrontar cada suceso de sus vidas, a abrazar las lecciones, a crecer cada día un poco más. No a consentirles nada por un error. Recuerda siempre que NO es más feliz aquella persona que nunca comete errores, pues, quien no los comete ¿realmente está haciendo algo? La perfección va mucho más allá de la realidad y, no debemos aferrarnos a su ilusión ni, hacer que los niños lo hagan. Una realidad es que, absolutamente todos cometemos errores, unos más, otros menos y de diferentes magnitudes, pero están ahí, y lo están por algo.

Lo mismo que aprendemos en Inteligencia Emocional, si enseñamos a los niños a gestionar cada una de sus emociones en base a sus equivocaciones, contribuiremos a su crecimiento personal total y no parcial. Todas las personas que comienzan afrontando sus errores, abrazando sus lecciones y superando cada frustración que pueda tener cavidad de la forma más llevadera y constructiva, es una persona que vive en armonía, felicidad e intensidad. ¡Es lo que hay que enseñar a los más peques!

Cuando tratamos de hacer que los niños, no superen sus errores, consintiéndoles, estamos logrando lo que será en un futuro una persona con miedos, una persona envuelta en una burbuja de la cual, le va a costar más salir. Pues, no podrá afrontar cada una de las situaciones en las que se vea sometida. Es por ello que debemos enfocárselo desde muy pequeñitos, para que de mayores sean un ejemplo y ‘’puedan vivir’’.

Si bien es un esfuerzo, una dedicación que lleva tiempo y parece compleja, como en todas las cosas, cogiéndolas a tiempo se notarán los resultados. Los más peques deben estar preparados para cada causa, suceso.

Es por ello que quiero compartirte unos pasos a seguir, para que sepas cómo comenzar y lograr con éxito esto que te recomiendo:

Modifica totalmente la forma en la que se suelen ver los fracasos:

Probablemente la forma más popular es ver el fracaso como algo altamente negativo. Pero debes hacer que lo vea como todo lo contrario. Nos sentamos a hablar con el pequeño, y le hacemos las siguientes cuestiones: ¿qué ha pasado? ¿qué crees que ha pasado? ¿por qué? ¿qué crees que has hecho mal? ¿qué harás a partir de ahora para que no vuelva a pasar? Esto llevará el niño a reflexionar y visualizar.

Son muchísimas las ocasiones en que las cosas salen mal o fuera de lo previsto. Pero ello no tiene que identificarse como un punto negativo o en contra. Por ejemplo:

Laura, se encuentra en aprendizaje de escritura, pero llega un instante en que se comete un error. Lo que tiene que hacer Laura es continuar aprendiendo para que así, esto no vuelva a suceder más. Continúa escribiendo más y, vuelve a tener un error. Acto seguido pierde el control y le saltan las lágrimas. Y en su defensa actúa mencionando frases como ‘’No sé cómo se hace’’ o ‘’No puedo hacerlo’’. –

Aquí es donde debería el adulto evitar a toda costa cualquier alteración y mostrarles máximo apoyo con contestaciones tales como ‘’No te preocupes, no está pasando nada, te encuentras en pleno aprendizaje y todos nos equivocamos cuando aprendemos, e inclusive cuando ya tenemos cierta experiencia, cometemos innumerables errores a corregir’’. Y entonces llega el momento de hacerlos partícipes haciéndoles las cuestiones que mencioné con anterioridad al principio de este párrafo.

Lo que hay que lograr es conseguir que cada uno de los momentos duros, los viva con intensidad y adopte las ganas de aprender de ellos.

Las cosas las debe hacer por sí mismo:

Hay ocasiones en las que se peca mucho en este punto. Un niño se equivoca y tratamos de saldar esa equivocación dándole todo hecho. (No digo que lo hagáis todos, pero los hay que lo hacen). Hay que dejar que sea el niño el que actúe en cada momento, aun teniendo errores debe aprender a corregirlos y aprender de ellos. ¡Que lo haga y lo rehaga él! Así fomentará su propia terapia de choque y, afrontará todas sus equivocaciones con decisión.

Pongamos otro ejemplo práctico: María, está divirtiéndose con sus amigos jugando. Tiene claro que no quiere jugar sola, siempre quiere que alguien esté a su lado compartiendo esos momentos. ¿Por qué? Porque dice que ‘’no sabe’’ jugar si está sola. – Aquí lo que debemos hacer es aportarle la motivación suficiente como para que afronte que muchas veces, tendrá que jugar sola. Que si hoy no sale como esperaba, mañana saldrá mejor. Que aprenda y adquiera los conocimientos para que incluso, pueda superar a futuros contrincantes. Hay que ser sus guías, pero también debemos dejar que se independicen de nuestras indicaciones. La sobreprotección excesiva nunca ha sido buena.

Detrás de cada fracaso, siempre puede existir motivos positivos:

Tocar este tema puede llegar a ser complejo, pero en sí tiene muchísimas ventajas. Todo lo que hablamos hoy es para en bien de los más pequeños. Cuando uno fracasa, comete errores, le salen mal las cosas, no es motivo para interponer una actitud negativa. Debemos ver, que siempre existe algo con lo que sobreponerse y ver el lado positivo.

Es como cuando un niño en la escuela, está pasando a limpio sus apuntes. Una vez que los escribió, quizás parecían los más chapuceros del mundo, pero siempre hay que enfocarle que tenga presente que una vez que los repita, estarán estupendos. Además, haciendo la repetición, fortalecerá su memoria ante esos conocimientos y las recompensas que vendrán después no harán otra cosa más que hacerle sentirse orgulloso de sus progresos. – Entonces cuando esto ocurre, es cuando debemos incentivar con frases motivadoras, ‘’Eso es, continúa así’’. No con premios sin venir a cuento. Pues, acuérdate que, debe aprender de sus errores no alimentarlos.

¿Cómo actuar ante una rabieta?:

Esto es muy típico, los niños cuando no consiguen algo que no quieren, suelen mostrarse con rabia y un comportamiento alterado. – Lo que debemos hacer aquí es no responder ante esa rabieta cediendo. Porque si no, así es como haremos ver al niño que, detrás de cada rabieta está justo lo que quiere conseguir.

Uno de los errores más comunes con los que nos encontramos en el trato a menores, es el pensar que, todo niño sería más feliz teniendo todo lo que quiere. Por tanto, las rabietas es una llave de acceso que su conducta suele adoptar, pero, no debemos hacer ni caso a ellas. No es así como debéis educarlos.

Ejemplo práctico: Julián quiere tener aquél juguete que vio en el escaparate mientras paseabais. Él muy tranquilamente se lo pide a sus padres, con ilusión y con cierto tono ‘’esperanzador’’. Los padres entonces en respuesta, le dicen ‘’No cariño, ahora no podemos comprártelo, deberás esperar a la fiesta de cumpleaños y ya ahí lo podrás disfrutar con más ganas’’. Pero Julián no satisfecho con la respuesta, actúa inmediatamente mediante rabietas, patalea, llora, chilla, etc… – Aquí es donde muchos padres actúan comprándole dicho juguete para ‘’que se calle’’ pero no, no es así en absoluto. Quédate con la primera respuesta, debe aprender a esperar y ganárselo sin rabietas de por medio.

Tú debes ser un ejemplo para los niños:

Ya bien porque seas mamá, papá, el tutor de un menor o su profesor. Debes tener en cuenta que ellos desde pequeños experimentan diversas sensaciones. Entre ellas está, que se fijan en todo lo que hacemos los adultos y tratan de ‘’copiar’’ todo lo que ven.

Si tú como adulto, pasas un bache y no lo afrontas, te deprimes, te llenas de rabia, lloras sin cesión, etc… ellos harán lo mismo pues, es así como lo ven en casa o en su centro académico y es, así pues, como creen que deben actuar.

Si es cierto que es difícil, pero, no imposible. El crecimiento personal es para todos, pero todos debemos dar ejemplo si es lo que tratamos de transmitir y, no olvidemos que muchísimos niños son el reflejo de lo que ven, sienten y escuchan a diario.

Enséñales a esforzarse, apasionarse y establecerse sus objetivos:

Si a mí me hubiesen enseñado esto hace unos años, créeme que lo hubiera agradecido muchísimo.

Una de las cosas más maravillosas es poder vivir apasionado, hacer todo con amor, con ganas, con esfuerzo, dedicación. Y sobre todas las cosas, tener un ‘’por qué’’ que marque tus días y unos objetivos claros. Debemos saber que, siendo consecuentes, podremos lograr todo lo que nos propongamos.

Un ejercicio práctico que os propongo es el siguiente: ahora que llega el buen tiempo. Ir a la piscina, ponle los manguitos o un flotador. Anímale a alcanzarte en distancias cortas, ve aumento según pasan los días. Haz que una parte de él se sienta un héroe, un campeón, el mejor nadador.

Ayúdale, enfócale que debe perseverar, ante todo. Enséñale a no abandonar ni tirar la toalla, aunque equivoque. Que la vida es un teatro, del cual el telón ya está abierto, listo, para que él/ella escriba su historia. Y según vaya avanzando, irá sintiéndose más cómodo, confiará más en sí mismo y querrá continuar pese a todo.

Yo siempre recomiendo a los adultos, un mínimo de 5 minutos de reflexión cada día y, creo plenamente que, a los pequeños, también les vendrá bien. Es muy útil seguir los pasos, con calma, respirando hondo, disfrutando de cada instante con el pequeño y, sin lugar a presiones. Recuerda, pocas cosas existen en esta vida sin solución, que ellos lo sepan también.

Un abrazo,

Omayra Montes

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