Educación Pedagogía

Maestros que muestran humanidad, sensibilidad y empatía

A veces me pregunto qué es lo que realmente esperan los padres al llevar a sus hijos a un centro educativo. Supongo que muchos, esperarán que los niños aprueben los exámenes y las asignaturas con buenas notas, que vayan pasando de curso de manera notable, y que no rechisten cuando tengan que estudiar. Sin importarles nada más. También, habrá otras familias, que lo único que quieran es que sus hijos sean felices en el colegio y que tengan maestros que eduquen para la vida y que tengan en cuenta la educación en valores.

Que aprendan cosas nuevas de manera divertida, que disfruten, que apliquen los valores que hayan aprendido en casa, que descubran sus talentos, y que saquen lo mejor de ellos cada día. Sin embargo, hay centros educativos y padres, que no tienen en cuenta el lado emocional y social de los alumnos. Que para ellos, lo único que vale y está permitido es ser estudiantes de sobresalientes y no desprestigiar demasiado al colegio.

Parece mentira, que en algunas ocasiones, se trate a los alumnos (y a los hijos), como si fuesen máquinas, como si no tuvieran corazón o no sintiesen. Como si pudiesen aguantar con todo, como si tuvieran que agachar la cabeza ante cualquier orden y no cuestionarse jamás. Hace unos días, un amigo que es maestro de quinto de primaria, me contaba algo que no dejará de sorprenderme en meses.

Me decía, que después de mucho esforzarse y de dar multitud de motivos al director, al jefe de estudios, y a los padres de sus alumnos, había conseguido aplicar el aprendizaje por proyectos, y el cooperativo, aunque los exámenes no había conseguido eliminarlos de su aula. Por lo visto, un día que estaba repartiendo las pruebas corregidas que habían hecho los estudiantes hace dos días, una niña que había obtenido un siete, se echó a llorar desconsoladamente.

Enseguida, mi amigo, fue al sitio de ella y le preguntó qué le pasaba mientras intentaba calmarla. La alumna con lágrimas en los ojos contestó a su maestro: “es que mis padres me habían dicho que no bajase del ocho en este examen. Estoy muy cansada y no duermo muy bien por las noches”. El profesor, se quedó tan estupefacto en ese momento, como me quedé yo cuando me lo estaba contando.

Finalmente, entre todos los compañeros y él, consiguieron que la niña se sintiera un poco mejor al acabar el día. Mi amigo, había hecho todo lo posible para que la alumna disfrutara y que al menos, por un tiempo, se olvidara de la sensación de malestar. Obviamente, esto no iba a quedarse así. Tenía intenciones de hablar con el orientador y con el director del centro para buscar una solución al problema. Pero ni en un millón de años, se imaginaba lo que iba a pasarle al día siguiente.

El maestro mediocre cuenta. El maestro corriente explica. El maestro bueno demuestra. El maestro excelente inspira.-William A. Ward.

Antes de entrar en su aula, el jefe de estudios, le comunicó que después de la jornada, los padres de la alumna que había llorado en clase, habían solicitado una entrevista con el director y con él. En ese momento, mi amigo pensó que sería para hablar de alguna situación que tenían en casa, para explicar por qué se había puesto así su hija en medio de la clase.

Pero la realidad, estaba muy lejos de sus pensamientos. Increíblemente lejos. Al llegar la hora de la reunión, el maestro se dio cuenta que los padres tenían muy mala cara, y que el director también. No entendía muy bien el motivo, y estaba algo confundido. Pero en a penas unos minutos todas sus dudas se resolvieron.

La madre, rompió el hielo y empezó la conversación: “la niña nos ha contado que fue muy amable con ella, y que intentó animarla y hacerla reír durante el día. Pero nosotros no queremos que haga eso. La dejamos muy claro, que no se llora, y que tenía que estudiar mucho más en su examen para obtener mejor nota. No queremos que la consuele, sino que le diga que se esfuerce todavía mas.” Mi amigo, no pudo evitar sorprenderse ante tal comentario y afirmación, pero él lo tenía muy claro.

Antes de que pudiera decir nada, el director del centro, le cortó: “en este colegio, formamos a alumnos sobresalientes por su bien. Y tenemos muy en cuenta la opinión y el deseo de los padres. Así que por favor, no vuelvas a tener esa actitud en el aula a partir de ahora. Te ofrecimos un poco de libertad al aplicar nuevas metodologías en el aula, a pesar de nuestras dudas. Esta es la primera queja formal que presentan una familia por ti, así que esta vez te hemos avisado”.

Cuando tuvo oportunidad  de hablar, el maestro miró a los padres y al director y dijo: “pues yo cada vez que vea a un alumno llorar en mi clase, voy a ir a calmarlo y haré todo lo posible para ayudarle. Adelante si me queréis despedir, no pienso cambiar eso”. A mi amigo, no le despidieron, pero sí que ha notado que la relación con los demás compañeros, ha empeorado, y que si antes veía poco al director del centro, ahora lo veía menos.

Desde entonces, me ha confesado muchas veces, que él no pierde la ilusión, ni la emoción únicamente por sus alumnos, que le demuestran cada día que está haciendo lo correcto y lo mejor para ellos. Pero siendo sinceros, no es justo. No es justo que una persona que intenta ser humana con sus estudiantes, que intenta enseñarles la empatía y un montón de valores más en sus clases, reciba este trato tan ofensivo.

Muchos me diréis: “seguro que el centro en el trabaja es concertado o privado”. Pero yo no creo que sea cuestión de eso. No se trata de que sea un colegio de pago o público. Se trata de los profesionales, y padres que hay dentro de él. Se trata de los contenidos y las programaciones que quieren llevar a cabo. Y creo que se trata más de un problema de sociedad, que de otra cosa. ¿Cómo se va a dar esa transformación en la educación que muchos deseamos si existen personas en la sociedad insensibles, inhumanas y con una nula inteligencia emocional?

No se debería haber llegado a que muchos profesionales se hayan aventurado a empezar un proyecto de escuela alternativa y respetuosa (y que gracias a ello, muchos niños tendrán una nueva oportunidad). Se trataba de renovar las aulas, de adaptarlas a los alumnos, de tener en cuenta el lado emocional de los estudiantes y desarrollar su empatía. Para emprender el cambio en los centros educativos, primero, debería cambiar gran parte de la sociedad. Y eso, me temo, que llevará mucho más tiempo del que debería.

 

Mel Elices

Educadora infantil, asesora en comportamientos y conductas infantojuveniles, asesora en mediación familiar, educadora en valores, asesora educativa e investigadora en educación emocional y disciplina positiva. Community Management y Social Media.

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Mel Elices escribe este blog

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