Educación Pedagogía

Maestros sin vocación que siguen trabajando en las aulas como si nada

Los que me leéis habitualmente, estáis acostumbrados a que defienda “con capa y espada” a los profesores y a los maestros. Y eso es lo que hago en la mayor parte de los posts. Pero yo defiendo a esos docentes que tienen vocación, que sacan lo mejor de sí mismos, y que enseñan desde el corazón. Desgraciadamente, y aunque sean los mínimos (o no tan mínimos), hay algunos profesores que consiguen que me pregunte por qué se sacaron la carrera de magisterio.

¿Por qué estudian magisterio si no les apasiona la enseñanza?

La verdad es que no tengo ni idea. Supongo que creen que es lo más sencillo. Que magisterio es una carrera que no requiere esfuerzo y con salidas fáciles. Supongo que leen el programa de asignaturas del grado y es lo más asequible para estudiar sin dedicarle mucho tiempo. O puedo que la nota que hayan obtenido en selectividad no haya sido suficiente para elegir los estudios que querían.

Por esas razones (e incluso más), sé de familias que han tenido que luchar y ponerse en contacto con inspectores de educación para que a sus hijos con dislexia pudieran tener los exámenes y los deberes adaptados para poder aprobar y comprenderlos. Sé de padres y madres que han tenido que hablar con directores del centro porque el tutor de su hijo no hacía nada respecto al acoso escolar.

Sé de familias que han tenido que escuchar en boca de maestros que su hijo es un inútil y que va a paso tortuga. Y sé de padres y madres que lograron (finalmente y tras mucho luchar) expulsar a un docente porque tiraba tizas a los alumnos que no respondían bien a las preguntas y los ridiculizaba. ¿De verdad se tiene que luchar contra un docente que maltrata física y emocionalmente a los estudiantes?

Mis no queridos maestros sin vocación: la educación no es un juego

Pero eso no es todo. Hay docentes que se niegan a adaptar exámenes a alumnos con dislexia que están a punto de terminar el bachillerato. Algunos de ellos hasta han dejado de estudiar por esa razón.  Maestros de educación especial que pegan a los niños y les echan de su clase tirándoles al suelo. Y profesores que no sólo son conscientes del acoso escolar en el recreo, si no que se callan y no hacen nada para evitarlo.

A estos “maestros” (sí, ya los pongo entre comillas),  son a los que me refiero con lo de sentir vergüenza. ¿Cómo es posible que un docente que se niega a darle oportunidades a un alumno con una dificultad de aprendizaje se quede tan tranquilo y conserve su trabajo? ¿Cómo es posible que un profesor que pegue a un niño pueda dormir bien por las noches?

Si no os apasiona la enseñanza, no deberíais asistir al centro educativo

Hay profesores que entran en clase desmotivados, amargados, sin ilusión y sin ganas de aprender ni de enseñar a los alumnos. Docentes que se sientan en sus sillas e imparten los temas que dicen las programaciones y después se van a sus casas tranquilamente. Hay profesores que únicamente están en las aulas por el dinero al final del mes (como si el sueldo fuese un pastizal del carajo).

Y simplemente por eso aguantan cada uno de los días. Hay docentes a los que les dan igual las emociones y sentimientos de los alumnos. Que no les tienen en cuenta y que no se implican con ellos. Hay profesores que piensan que su labor en los centros educativos es conseguir que los estudiantes aprueben sin profundizar más en otros aspectos. Y hay muchos maestros que se niegan a avanzar. Que se niegan a aplicar otras metodologías.

El sistema es un desastre, sí, pero son las personas las que eligen estudiar magisterio sin vocación

¿De dónde viene el problema? Soy de las que piensa que el problema es de las personas y de la carrera. De los primeros, porque se creen que ser docente es algo fácil, que no se tendrán que esforzar, que no tendrán que hacer nada, que a partir de que acaben sus estudios, su vida profesional será un camino de rosas. Piensan que ser docente no es nada importante y que no tienen una labor relevante en la vida de los estudiantes.

Luego, cuándo son capaces de ver la realidad, se dan cuenta que no todo era tan sencillo y que no todas las personas están preparadas para ser maestros. ¿Y qué pasa? Llega el descontento, (y no el descontento de los profesores que sí hacen bien su trabajo y no es reconocido), me refiero al descontento de los docentes que están en las aulas sin querer estarlo, de los maestros que no ponen el corazón ni ilusión en las clases. Después, llega la desmotivación, la amargura y el malestar general.

Hablando de la carrera de magisterio. ¿Es ese uno de los problemas?

Si hablamos de la carrera de magisterio, es cierto que todas las personas que quieran pueden acceder a ella. La nota de corte para acceder al grado es increíblemente baja. Pero no creo que todo sea culpa de eso sino de los contenidos que se enseñan dentro de la carrera. Los futuros maestros se aprenden toda la teoría de memoria, hacen correctamente los trabajos, hacen unas buenas prácticas externas (por mucho que les cueste) y consiguen obtener el título.

Pero cuándo están solos, sin ningún tutor que les eche una mano en las aulas, se ven superados. Y se ven superados porque no saben cómo aplicar herramientas para situaciones concretas. No saben gestionar sus emociones. No tienen ni idea de cómo tratar con el alumnado. Evidentemente, luego están aquellos maestros que ni siquiera se esfuerzan por aprenderlo o pedir asesoramiento.

¿Y qué pasa con los estudiantes y las instituciones educativas?

Los estudiantes pasan la mitad de su tiempo en las aulas. Y hay bastantes que aguantan un clima de presión en clase. Que no se sienten cómodos con el profesor. Hay estudiantes que tienen miedo. Que se sienten humillados ó que directamente se aburren. ¿Cómo creéis que será el proceso de aprendizaje de estos alumnos? Obviamente, malo. No tendrán ganas de adquirir conocimientos nuevos. No tendrán ilusión por ir a los centros educativos (incluso negándose a ir). Y muchos estarán desmotivados por esos motivos.

En las instituciones educativas no deberían haber luchas para echar a docentes incapaces de hacer su trabajo. Los padres no deberían ponerse en contacto con inspectores porque se cometan injusticias con sus hijos. Y ni muchos menos se deberían dar casos de humillaciones, falta de oportunidades a alumnos concretos, ni agresiones. En los centros únicamente debería haber profesionales que tuvieran vocación por su trabajo. Que se lo tomasen en serio, y que se implicaran con los alumnos y con las familias.

No me entra en la cabeza como personas que han escogido un empleo en el que hace falta poner el corazón y toda la ilusión puedan soltar insultos y ofensas contra los alumnos y todavía estén en las aulas. Y no logro comprender cómo maestros de corazón y auténticos dispuestos a dar lo mejor de sí mismos están en paro o viajando de un centro educativo a hacer suplencias de dos días. ¿Alguien lo entiende?

Mel Elices

Educadora infantil, asesora en comportamientos y conductas infantojuveniles, asesora en mediación familiar, educadora en valores, asesora educativa e investigadora en educación emocional y disciplina positiva. Community Management y Social Media.

comentarios

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  • Comparto contigo todo lo que has dicho, pero te lo amplio a secundaria. Profesores/as trabajando con adolescentes (una de sus peores épocas) que no tienen empatía ninguna porque ellos no han estudiado “matemáticas” “físicas” o cualquiera de todas las materias que hay para estar encerrados en un aula
    , pero “no han tenido otra opción”. Si quieres enseñar, hazlo desde el corazón, no existe otra manera y por supuesto transmitiendo la mayor de tus pasiones.

    Fdo. Un Profe enamorada de su trabajo

  • Es tan bonito creer en los alumnos. Mi nivel de confianza suele ser este: Varios profesores de una facultad de ingeniería fueron invitados a un viaje con todos los gatos pagados Una vez sentados y bien acomodados, se les indicó que el avión había sido construido por sus alumnos.

    De inmediato todos los profesores empezaron a gritar despavoridos para que los bajaran del avión de inmediato.

    Sólo un docente se quedó en su sitio, muy tranquilo y sereno, cuando le preguntaron el motivo de tanta calma, el tipo respondió:
    “Conozco perfectamente la capacidad de mis alumnos. Si ellos fueron los que construyeron este avión, tengo la más plena confianza de que esta mierda ni si quiera va a arrancar”.

Mel Elices escribe este blog

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