Educación Pedagogía

Malestar docente: ¿nos ponemos ya en el lugar de los profesores?

Desde hace mucho tiempo, vengo escuchando que cualquier docente se queja por vicio y que no tienen ningún derecho a hacerlo. Desde hace mucho tiempo, he escuchado que la enseñanza es una profesión sobrevalorada y que los maestros no se merecen “tantísimas vacaciones” ni ese “sueldo multimillonario” que ganan al mes. Y desde hace mucho tiempo, me he dado cuenta que las ofensas y acusaciones hacia los profesores en vez de ir disminuyendo van aumentando.

Debemos ser uno de los pocos países que tenemos en tan baja estima a las personas que se dedican a la enseñanza. Debemos ser uno de los pocos países que hieren a los profesionales que están formando a los que serán los adultos del futuro, a los que intentarán cambiar el mundo el día de mañana. Debemos ser uno de los pocos países que no reconoce ni valora lo que de verdad hace el docente.Y no solo que no se reconozca su trabajo, sino que encima se les pone impedimentos, barreras y obstáculos. ¿Acaso la gente es consciente de lo mucho que han tenido que luchar los profesores? ¿De lo mucho que han tenido que aguantar?

Hasta donde yo sé, en muy pocos lugares tienen a más de veinte niños por aula para un único maestro. Si vinieran aquí docentes fineses, suecos, suizos, checos, croatas o lituanos se llevarían las manos a la cabeza. Igual que se hundirían en la tristeza al ver cómo se comporta la sociedad con ellos. Los países que acabo de nombrar consideran al docente agente de cambio, un profesional muy valioso e importante para el desarrollo de los niños y de los jóvenes. Los políticos no emplean malas palabras con ellos, y cuando quieren elaborar alguna ley o proyecto nuevo en educación son a los maestros, pedagogos y educadores a quién consultan primero.

En mis artículos siempre he dicho que la enseñanza es una profesión de vocación, de pasión y de corazón. Y lo sigo defendiendo. Pero si me pongo a pensar en los maestros, si me pongo a pensar en lo mucho que sufren algunos, en lo poco que se les tiene en cuenta y en que parece ser que la culpa siempre es de ellos, entiendo a la perfección que esa ilusión con la que empezaron se vaya agotando cada vez más. ¿Hemos pensado alguna vez cómo se puede sentir un docente que quiere enseñar más allá de los objetivos y contenidos y no se le deja? ¿Hemos pensado cómo se puede sentir un profesor al escuchar las acusaciones de padres que no ven más allá de las notas?

Eso crea malestar, estrés, desilusión, desmotivación e incluso depresión. A la mayoría de personas nos gusta que se nos valore y se reconozca lo que hacemos y lo mucho que nos esforzamos. Pero eso pasa en todos los trabajos y profesiones. A todos nos duele ponerle tanta pasión a algo y que la mayoría de la gente no lo vea o que pase desapercibido. Los maestros de corazón sacan cada día lo mejor de sí mismos para dárselo a los estudiantes. Da igual que se les haya maltratado, herido, acusado y ofendido. Ellos siempre intentan sonreír en las aulas. Ellos siguen intentando nadar contra marea. Son ellos los que salen a las calles para manifestarse contra el sistema educativo actual.

A pesar de todo eso y del bien que hacen, se les sigue tratando de la peor manera posible. A los profesores de educación musical y artística se les quita hora, se les rechaza y se les discrimina. Y no hablemos ya de la poca importancia que tienen los docentes de filosofía. Queremos maestros de corazón, queremos maestros con vocación y que inspiren a los estudiantes. Queremos maestros que tengan en cuenta la educación emocional, las inteligencias múltiples y los talentos de cada alumno. ¿Pero cómo van a hacer eso si están solos en una clase de veinticinco niños o jóvenes? Ellos sos los primeros que se frustran por no poder hacer bien su trabajo. Pero está claro que no pueden abarcarlo todo.

Estaría genial que las personas que no hayan apoyado a los maestros, comenzaran a hacerlo. Estaría bien que las personas que no crean que un docente se pueda sentir herido, ofendido o desmotivado, se pusiera en su lugar y empatizaran con él. La enseñanza no es una profesión fácil. Y no es fácil por todos los obstáculos y dificultades que la sociedad y la política ha ido poniendo a los profesores. Pensemos un poco antes de llevarnos a la cabeza y decir abiertamente: “¿cansado tú? ¡pero si eres profesor!” Porque sí, igual que todos los demás, los docentes tienen el derecho de sentirse cansados. Y más si se les trata de la peor manera. Tenemos profesionales increíbles en España, por favor, hagamos todo lo posible para conservarlos y que no se vayan a otro país dónde sí se les valore.

Mel Elices

Educadora infantil, asesora en comportamientos y conductas infantojuveniles, asesora en mediación familiar, educadora en valores, asesora educativa e investigadora en educación emocional y disciplina positiva. Community Management y Social Media.

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Mel Elices escribe este blog

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