Educación Pedagogía

"Me gustaría tener un maestro que me inspirase y emocionase"

Hace unos días, bromeando con mi vecino que va a empezar sexto de primaria en septiembre le dije: “¿ya te han comprado tus padres los libros de texto para empezar tu último año en educación primaria?”. Esperaba que se llevara las manos a la cabeza, que protestara, que me contestara que todavía era muy pronto y que quedaban muchísimas vacaciones por delante. Pero su respuesta me cayó como un jarro de agua helada: “Mel, a mí me gustaría tener a un maestro que me comprendiera, que se riera y que no me aburriera en sus clases. ¿Es tan difícil?”

Echando la vista atrás hacia el ya terminado curso escolar, me he dado cuenta de que esos comentarios y los de “mamá, papá: no quiero ir al colegio porque no aprendo nada”, han arrasado en las redes sociales y entre los diálogos familiares. También nuestro país tiene uno de los índices de fracaso y abandono escolar más alto de Europa. Por no hablar del malestar docente que viene existiendo desde hace bastante tiempo provocando desmotivación y desilusión en el profesorado y en el alumnado.

Todavía, muchos centros educativos se basan en la autoridad, en la excesiva autodisciplina y en el contenido académico. Sin dar importancia a nada más (emociones, sentimientos, inteligencias múltiples, pensamiento crítico…). Enseñan a memorizar, a retener los temas y a escribirlos exactamente igual en la hoja del examen el día de la prueba. La memoria juega un papel relevante en los estudios, pero, ¿de qué sirve si después los alumnos lo olvidan todo y no ha sido un aprendizaje significativo?

Por ejemplo: este año, me ha costado muchísimo cambiar la perspectiva educativa de los nuevos niños a los que he dado clases particulares. Ellos, llegaban a clase y lo traían todo memorizado. Todos ellos, eran capaces de recitarme el texto del libro al pie de la letra sin ningún error. Vamos, a la perfección. Pero luego, cuando les preguntaba qué era lo que habían entendido y comprendido me volvían a responder con lo mismo de antes: diciéndome el temario sin errores. No habían aprendido nada, no habían asimilado nada. Simplemente, tenían una memoria prodigiosa para utilizar el día del examen.

Así, es normal que los alumnos no quieran ir al colegio y dejen notas a sus padres diciendo que se quedan en casa porque aprenden más. ¿Dónde está la emoción? ¿Dónde está la ilusión por enseñar? ¿Y la motivación? A pesar de ser cosas muy importantes en las aulas, muchos maestros pasan de ellas y no les dan la mayor importancia. Ir a los centros educativos debería generar sensaciones positivas, alegría, felicidad e ilusión a los alumnos, no todo lo contrario. Pero para eso, para que esas emociones se lleven a cabo, los colegios tienen que abrir sus mentes y avanzar. Y los maestros que estén en las aulas, tienen que ser de corazón.

Los maestros de corazón tienen ideas innovadoras, siempre están investigando, estudiando, aprendiendo y buscando información sobre nuevas metodologías para aplicar con sus alumnos. Siempre emocionan, motivan, ilusionan, comprenden, empatizan, se preocupan y se involucran con sus estudiantes. Y los alumnos que tienen la suerte de contar con ellos en clase, van cada día al colegio con una felicidad que no se puede expresar con palabras. Pero sí, habéis leído bien: he escrito la palabra suerte. Desgraciadamente, no todos los estudiantes tienen a un profesor de vocación y apasionado en sus clases.

Hay alumnos que tienen que soportar la mala decisión tomada por esos “profesionales” de ser docentes y no otra cosa. Tienen que soportar a esos “maestros” que han decidido dedicarse a la enseñanza únicamente por tener un empleo fijo y por la estabilidad económica. Tener en las aulas a estos profesores provoca desmotivación, desilusión, aburrimiento, desinterés y falta de emoción y creatividad. Pero, ¿no todos los estudiantes y los centros educativos deberían tener maestros de corazón en sus aulas? Sí, por supuesto de sí, porque para ser docente hace falta mucho más que un título colgado en las paredes de un despacho.

Mel Elices

Educadora infantil, asesora en comportamientos y conductas infantojuveniles, asesora en mediación familiar, educadora en valores, asesora educativa e investigadora en educación emocional y disciplina positiva. Community Management y Social Media.

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Mel Elices escribe este blog

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