Educación Pedagogía

No dejemos que el boletín de notas marque la vida de los estudiantes

Aunque queda todavía bastante para las primeras evaluaciones del curso escolar, muchos estudiantes comienzan en este mes los exámenes parciales. Se preparan para un boletín de notas que lo único que evalúa es el resultado y el número de las pruebas: un nuevo, un siete, un cinco, un cuatro… Algunos padres están deseando saber las calificaciones. Y no son pocos los que dan vital importancia a los boletines creyendo que lo que más importa es que sus niños aprueben todo y con buenas notas.

A veces, se trata a los estudiantes como si fueran auténticas máquinas: una montaña de deberes, una montaña de apuntes en el cuaderno para estudiar, un montón de trabajos que entregar para cada asignatura… En muchas ocasiones, se olvida que estamos hablando de niños y de jóvenes con toda una vida por delante y que tienen derecho a disfrutar. Sí, incluso cuando no están de vacaciones.

Por desgracia, tenemos un sistema educativo tan obsoleto, anticuado y rígido que no da oportunidad a realizar las cosas de otra manera. En él hay escrito unos objetivos que se tienen que cumplir a rajatabla, y los que pueden transformarlo y renovarlo no mueven ni un solo dedo de sus manos, dejando toda esa labor a los docentes como si ellos tuvieran el poder y potestad de llevar a cabo ese cambio.

Hace mucho, nos convencieron de que para ser “alguien en la vida”, teníamos que sacar buenísimas notas, que nos teníamos que dejar la piel en los exámenes como si no hubiera mañana, y que conseguir entregar todos los trabajos a tiempo a los profesores, era lo más importante. Desafortunadamente, hoy por hoy eso no ha cambiado mucho.

En las redes sociales, cada vez leo más cartas de niños expresando su ansiedad por el exceso de tareas, pruebas y trabajo a los profesores. Es increíble que algunos de ellos hayan tenido que ir al médico por casos de estrés. ¡Casos de estrés en niños! Es una absurda locura.

Todavía se cree que para “ser alguien en la vida” únicamente hace falta obtener buenos resultados académicos. Muchos estudiantes piensan que con aprobar todo conseguirán acceder a un trabajo. Gran parte de la sociedad, no se da cuenta de que no se trata simplemente de dieces, nueves o cincos.

Puedo decir que bastantes alumnos con un expediente académico de sobresaliente, no saben expresarse, no saben comunicarse, no saben trabajar en equipo, no tienen ni idea de cómo gestionar sus propias emociones y mucho menos reconocer las de los demás. Y tampoco han aprendido a debatir. Lo único en lo que se respaldan es en una lista de dieces imborrables en un boletín de notas.

¿De verdad les han hecho creer que con eso lo tienen todo hecho? ¿De verdad piensan sus padres que por ser un alumno de matrícula de honor encontrará un trabajo rápido y tendrá la vida hecha? Pensemos que sí es así. Pensemos en que al llevar una etiqueta de “soy un estudiante de sobresaliente”, aparece el hada madrina y da trabajos para todos.

¿Qué pasaría después? Sí, son alumnos increíbles, han superado todos los exámenes y trabajos con creces. Han sido los mejores en todas las asignaturas. Y sus técnicas de memorización son tan avanzadas que les han permitido escribir en las pruebas el texto tal cual lo ha dicho el profesor o vienen en los libros de texto.

Pero, ¿y qué? Cualquier trabajo requiere un mínimo de habilidades sociales, de herramientas de gestión emocional, de cooperación, de colaboración, de comunicación, de debate, de valores y de tratar con otras personas. En estos casos, muchos padres pensaron que eso no sería importante, y en los centros educativos que esos aspectos no tenían la mayor relevancia. Así, decidieron dejarlos de lado. Y ahora resulta, que para acceder a un empleo no solo cuenta el expediente académico.

Ojo, en ningún momento he dicho que haber obtenido buenos resultados en la etapa estudiantil no sirva para nada. A lo que yo me refiero, es que familias y centros educativos, no pueden centrarse únicamente en eso. No pueden centrarse en formar simplemente a alumnos de sietes, ochos y nueves. Porque la vida es mucho más que eso.

Como dicen muchos expertos en psicología educativa y pedagogía, lo más adecuado es que se diera la misma importancia a lo intelectual, a lo social y a lo emocional. Es decir, llegar a conseguir un equilibrio sin dejar apartada ninguna de las partes. Tenemos que darnos cuenta que todo el conjunto (no solo una cosa), es lo que va a hacer que los alumnos se desarrollen de manera íntegra y sana.

Quizás parezca algo sencillo, pero os aseguro que no lo es. Y no lo es, porque gran parte de la sociedad sigue convencida que el sistema tradicional es lo más correcto y lo que mejor se ajusta a los alumnos (qué ironía). Os puedo contar que hace unos días, una amiga maestra de sexto de primaria al ver a los estudiantes tan agobiados, estresados y angustiados, decidió hacer una reunión con padres y personal educativo expresando en ella que había que enseñar a los alumnos que no todo en la vida son calificaciones, exámenes y notas.

Y que en el próximo trimestre, iba a empezar a aplicar el aprendizaje por proyectos, el cooperativo, y a proponer nuevas metodologías en el aula. Estaba convencida de que iba a emplear parte de las vacaciones a investigar, y a buscar información para presentar un informe y una programación en el siguiente cursos escolar. Al día siguiente de la charla, el director del centro llamó a mi amiga a su despacho.

Allí le dijo que sintiéndolo mucho no le iban a renovar el contrato para un año más. Que se habían dado cuenta de que ella no iba a encajar en el colegio. Y que por supuesto, ya era una decisión tomada y cerrada. Después del verano, ya no trabajaría en el mismo centro. Y nada de aplicar nuevas metodologías, por supuesto. 

Por lo tanto, una maestra de corazón y auténtica se va a quedar sin trabajo por el simple hecho de querer hacerlo bien y mejorarlo. Lo peor de todo es que como ella hay cientos. Hay cientos de docentes de vocación que les echan de centros o que deciden marcharse porque no están de acuerdo con sus metodologías. Eso me lleva a pensar en lo absurda que es la vida y el sistema: ¿despidiendo a los que pueden cambiar algo importante y manteniendo a los que no se mueven ni un pelo? Hasta dónde vamos a llegar…

Mel Elices

Educadora infantil, asesora en comportamientos y conductas infantojuveniles, asesora en mediación familiar, educadora en valores, asesora educativa e investigadora en educación emocional y disciplina positiva. Community Management y Social Media.

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Mel Elices escribe este blog

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