Educación Pedagogía

Padres y profesores: ¿y si trabajáis juntos en vez de ser enemigos?

Hace unos días, una amiga me enseñó los comentarios de un grupo de Facebook dedicado a la enseñanza. El debate había sido iniciado por la ya famosa noticia de que los padres exigieran a los profesores que dieran clases de recuperación en julio. Los padres recuerdan a los docentes que son funcionarios y como tal únicamente tienen un mes de vacaciones. De esta forma, sus hijos no tendrían que ir a academias privadas para poder aprobar los exámenes cuando esa ayuda tiene que ser ofrecida por los profesores del centro al que asiste el alumno. ¿Por qué está tan desgastada la relación entre padres y profesores?

Entiendo que padres y profesores piensen en sus derechos y en su bienestar. ¿Pero quién piensa en el de los estudiantes? ¿Quién se preocupa por su felicidad, motivación e ilusión? La respuesta debería ser increíblemente sencilla: la familia y los docentes. Padres y profesores deberían trabajar unidos en vez de ponerse obstáculos constantemente entre ellos. “Es que los maestros tienen muchas vacaciones” “Es que los padres no educáis bien a los niños. Así vienen luego al colegio”.

Esas acusaciones tan ofensivas por parte de ambos no tendrían que existir. Padres y profesores tendrían que trabajar en equipo y apoyándose los unos a los otros. ¿Y qué tenemos ahora? Familias y docentes enfrentados, insultándose y faltándose al respeto. Eso es lo que vi yo el otro día en el grupo de Facebook que os mencionaba antes: padres y profesores enfrentándose, siendo intolerantes, haciéndose daño y perdiendo los nervios entre ellos. Comentarios groseros, maleducados y ofensivos.

Pero, ¿y si empezaran a trabajar juntos de una vez por todas? Los padres no son enemigos. Y los profesores tampoco. Ellos son importantes para que se de un buen proceso de enseñanza y de aprendizaje. Ellos son importantes para motivar, ilusionar y fomentar las ganas de aprender de los estudiantes. ¿Qué ejemplo están dando a sus hijos y estudiantes con esas faltas de respeto, esos insultos y esas malas palabras? Si os digo la verdad, a mí me da mucha pena.

En el post de hoy he recogido seis pasos increíblemente sencillos y que se pueden llevar a cabo todos los días para mejorar una buena relación entre padres y profesores. ¿Cuáles añadiríais vosotros? ¡Espero leerlas en los comentarios! 🙂

1. Confianza mutua entre padres y profesores

Para una buena relación entre familias y centros educativos es fundamental que padres y profesores tengan confianza entre ellos. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que los padres tengan claro que los docentes son buenos profesionales, que luchan por una educación de calidad y que quieren lo mejor para los estudiantes (obviamente, si no es así habría que empezar hablar con el docente en concreto). Del mismo modo, los docentes tienen que saber que la labor educativa de los padres también es sumamente importante. ¿Qué ocurre si alguna parte se equivoca en algo? En estos casos padres y profesores deberían apoyarse y tender una mano. Nade de acusaciones, de ofensas y de malas palabras.

2. Trabajar unidos por la misma causa

¿Y cuál podría ser esa causa? El bienestar de los estudiantes y de los hijos, su motivación, su ilusión, sus ganas de aprender, la educación emocional, la educación en valores… Por ejemplo, los centros educativos tienen que reforzar los valores que los padres les hayan enseñado a sus hijos en casa. No vale girar la cara y mirar hacia otro lado. Obviamente, los padres también tienen que apoyar a los docentes desde casa. En este aportado podemos hablar de la típica y famosa frase: “los padres educan y los profesores enseñan en los colegios”. Está claro que respeto todas las opiniones. Pero yo creo que pensar que los docentes no educan es un gran error.

3. Respetar la labor de cada uno

Ya lo comentaba anteriormente. Hay padres que acusan de hacer un mal trabajo a los profesores y hay profesores que acusan a las familias de estar dando una pésima educación a sus hijos. He leído muchos artículos sobre padres que dicen a maestros cómo hacer su trabajo. Y otros tantos sobre familias que impiden que un docente aplique en el aula una metodología innovadora que va a beneficiar a los estudiantes. Y también sé que existen profesores que exigen a los padres que se comporten de una manera concreta ante diversas situaciones con sus hijos (desmotivación, desilusión, falta de interés…) Si ambas partes no respetan la labor de cada uno va a ser casi imposible conseguir una buena relación entre padres y profesores.

4. Comunicación asertiva, empatía y sensibilidad

Está claro que los padres pueden tener sus opiniones y pueden diferir de las de los docentes. Y al revés también. Pero una actitud de escucha activa y una comunicación asertiva es fundamental para llegar a entenderse, comprenderse y respetarse. Si los padres acuden a una reunión con un profesor con una mala actitud, gritando y acusando de mala manera no se va a conseguir ningún beneficio. De igual manera, si un profesor no sabe mostrar empatía y sensibilidad hacia los padres va a ser complicado llegar a un diálogo efectivo y adecuado.

5. Actitud positiva en casa y en las aulas

Si padres y profesores tienen una actitud positiva en el centro educativo y en casa se la contagiarán a los hijos y estudiantes. De esta manera, los alumnos estarán más motivados a aprender, no se frustrarán tanto si se equivocan o fallan, estarán más ilusionados y sus ganas de aprender cosas nuevas cada día irán aumentando. Aunque en ocasiones se difícil de creer, el optimismo, la diversión y el sentido del humor pueden ser grandes aliados en el aula y en casa.

6. Apoyar a estudiantes e hijos es lo más importante

Entre tantas discusiones, acusaciones y ofensas parece ser que padres y profesores se han olvidado de algo increíblemente importante: los estudiantes e hijos. Docentes y padres pueden llegar a ser el motor del cambio, pero los alumnos son los que en un futuro van a intentar cambiar el mundo. Son a ellos a los que hay que formar de manera íntegra (y no dejando el área personal, emocional y social en el tintero). Son los estudiantes los que tienen que sentir placer por aprender cosas nuevas y son ellos los que tienen que ir felices a los centros educativos. Por eso, padres y profesores deberían trabajar unidos y no ver como un docente se enfrenta a sus padres de mala manera o al revés.

Por favor, hay que dejar las exigencias, las acusaciones y las ofensas a un lado. Cambiemos el “tú que eres funcionario tienes que trabajar también en julio porque solo tienes un mes de vacaciones” por el “¿estarías de acuerdo en dar clases de recuperación en julio también? A los padres nos ayudaríais mucho”. Cambiemos el “la culpa de que tu hijo esté desmotivado en clase es únicamente vuestra” por el “¿habéis probado esta metodología? Quizá si la aplicamos juntos vuelva a tener interés por aprender”. Padres y profesores: no os veáis como enemigos y buscad entre todos el bienestar de los estudiantes e hijos. No podemos seguir teniendo una relación entre familias y docentes tan deteriorada.

Mel Elices

Educadora infantil, asesora en comportamientos y conductas infantojuveniles, asesora en mediación familiar, educadora en valores, asesora educativa e investigadora en educación emocional y disciplina positiva. Community Management y Social Media.

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Mel Elices escribe este blog

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