Educación Pedagogía

Si crees que los maestros no educan, no podrías equivocarte más

No sé si os acordáis hace algún tiempo cuando os hablé de dos maestras que tuve en la infancia. Una fue Aurora, siendo mi profesora en primero y segundo de primaria y Teresa, mi tutora en quinto y sexto de primaria. Hace unos días, paseando con mi perro por la noche tuve la oportunidad de verlas a las dos y no os imagináis lo mucho que me emocioné. Había pasado un montón de tiempo desde que las vi por última vez y me hizo muchísima ilusión.

Verlas me hizo recordar en lo mucho que me enseñaron y en lo mucho que aprendí con ellas. Posiblemente,  esos cursos fueron los mejores de mi infancia. Dicen que los maestros de corazón son capaces de dejar huellas que no se pueden borrar en los alumnos, y durante toda la vida les recordarán con una gran sonrisa. Puedo decir que eso es verdad. En este tiempo, y más ahora que me dedico a investigar y escribir un blog de educación, me acuerdo muchísimo de ellas y me he dado cuenta lo mucho que me aportaron en la vida.

Y es que un maestro de corazón enseña mucho más que matemáticas y lengua. Un maestro por vocación roba el corazón de sus alumnos con su actitud positiva, con su sonrisa, con su motivación, con su empatía y con su comprensión. Afortunadamente, yo he podido contar con dos profesoras apasionadas y auténticas que profundizaban en los estudiantes, que educaban para la vida, que tenían en cuenta las emociones y los sentimientos de los niños. Es algo increíble que en toda mi etapa educativa, únicamente haya tenido dos docentes que disfrutaban de su trabajo. Simplemente dos.

Aunque claro, eso no es de extrañar. En la época que estamos eso sigue pasando. Hay muchos maestros de corazón, pero parece ser que todavía es una suerte contar con uno de ellos en un curso escolar. Es una pena que no todos los niños puedan emocionarse e inspirarse con un profesor que adore su trabajo y enseñar porque evidentemente, están dejando de aprender muchísimas cosas útiles para la vida. Ojalá y espero de verdad que en un futuro no muy lejano, las aulas únicamente estén llenas de docentes auténticos y de vocación porque eso es lo que realmente se merecen los estudiantes.

¿Qué me enseñaron y que aprendí de mis maestras de corazón? Muchas cosas increíbles. Muchas cosas que jamás olvidaré y que tengo muy presente.

Me enseñaron a ser siempre yo misma

Me enseñaron a no fingir ser otra persona para gustar a los demás. A no avergonzarme nunca de ser quién era. A ser consciente de mis errores y aprender de ellos pero también tener muy en cuenta mis virtudes y todas mis cosas buenas. Aprendí a no esconderme nunca y a creer que cada persona tenía derecho a expresarse libremente sin hacer daño a los demás.

Me enseñaron a no reírme de los demás

Obviamente, mis padres en casa ya me habían hablado de eso. Pero ellas en el aula se encargaron de reforzarlo. Aprendí a respetar, tolerar y que reírme de los demás podía herir a los compañeros y hacerlos sentir mal. Cabe destacar que nunca me he reído de nadie, pero ellas lo dejaban claro cada día en el aula. Gracias a ellas, y por supuesto a mis padres, me he convertido en la persona que soy ahora.

Aprendí a ser sensible y solidaria

Entre mis padres y mis maestros me enseñaron a ayudar y a ponerme en el lugar de los demás. Gracias a las excursiones que hice con Aurora desarrollé mi respeto por los animales y por el medio ambiente. Gracias a que Teresa nos leía siempre en los últimos diez minutos de clase una noticia del periódico, aprendí a ser comprometida y a dar lo mejor de mí misma para intentar cambiar el mundo.

Me enseñaron que la diversidad era algo genial

Recuerdo lo mucho que se esforzaban porque niños de otros países se sintieran cómodos en el aula. Me enseñaron a no rechazar a nadie por tener una cultura diferente a la mía ni por tener pensamientos distintos a los míos. Todo lo contrario. Aprendí a interesarme por ellos, por sus costumbres, a escucharlos y a comprenderlos. Entendí que cuántas más opiniones hubiera de algo, más información habría y sería mucho más enriquecedor. Y entendí que la vida sería increíblemente aburrido si todos fuéramos iguales.

Me enseñaron a luchar contra las injusticias y a no quedarme callada

Estando en sexto de primaria y haciendo un trabajo en equipo, recuerdo que uno de mis compañeros le dijo a otro: “tú no digas nada que no tienes ni idea. Eres tonto”. No sé cómo pero en ese momento me salió la superheroína que llevo dentro y contesté: “no deberías hablar así a nadie. Todos en este grupo aportamos algo y tú no deberías decir lo contrario”. La historia llegó hasta tal punto que el niño que había ofendido a otro se lo dijo a sus padres y éstos enseguida fueron a hablar con la maestra para quejarse por mi comportamiento.

Finalmente, tuvo que reunirse con mis padres y conmigo para informar de la situación y recuerdo que dijo:”ya les he dejado bien claro a los padres del alumno que yo no voy a castigar a nadie por luchar contra las injusticias. Aunque intento estar atenta a todos los comentarios y todos los comentarios de los niños hay muchas veces que se me escapan, y necesito la ayuda de estudiantes como su hija.”

Aprendí matemáticas y lengua, pero también a ser mejor persona cada día

Con ellas aprendí a leer, a escribir, ortografía,  a sumar, a restar, y a resolver problemas matemáticos. Pero también generaron oportunidades en clase para trabajar en equipo, para ayudarnos los unos a los otros, para tener en cuenta las emociones y sentimientos de los demás. Me enseñaron a no juzgar a nadie, que los errores eran parte de mi aprendizaje. Aprendí a valorar los pequeños detalles del día a día. Me enseñaron a confiar en mí misma y a ser consciente de mis talentos. Y sobre todo, me dejaron claro que el mundo necesitaba de personas humanas, sensibles y comprometidas. Y eso, eso es lo que no he olvidado durante todo este tiempo.

Mel Elices

Educadora infantil, asesora en comportamientos y conductas infantojuveniles, asesora en mediación familiar, educadora en valores, asesora educativa e investigadora en educación emocional y disciplina positiva. Community Management y Social Media.

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Mel Elices escribe este blog

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